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Las aventuras de “El Caballito” de Tolsá en dos siglos de historia

El 9 de diciembre la estatua de “El Caballito” fue inaugurada en el Zócalo. Tras un largo peregrinaje hoy se encuentra dañada y en la calle de Tacuba

Maricela Flores 09/12/2016 06:30 Actualizada 15:34

En 2013, la estatua de Carlos IV, mejor conocida como “El Caballito” fue dañada por una limpieza mal hecha con ácido nítrico, realizada por la empresa Marina Restauración de Monumentos, según señala El Universal.

En ese momento, este monumento histórico cobró gran relevancia en los medios, debido a que se dijo que los daños causados eran irreversibles. Pero, ¿realmente conocer la historia que hay detrás de “El Caballito”?

Primera estatua

Resulta que a la muerte del rey Carlos III de España, ocurrida el 14 de diciembre de 1788, Carlos IV fue proclamado como su sucesor. Fue entonces cuando el Maestro mayor de obras de la Ciudad de México, don Ignacio Costera y el teniente corregidor Don Bernardo Bonabia propusieron al virrey, conde de Revillagigedo, rendir homenaje a ambos personajes con dos estatuas ecuestres.

Sin embargo, por falta de dinero solo se pudo construir la de Carlos IV. Se hizo de madera, se colocó sobre un pedestal de mármol en la esquina de Seminario y la calle de Arzobispado (hoy Moneda). Esta obra fue realizada por Santiago Sandoval, quien era un cacique indígena de Tlatelolco. Obviamente, lo precario del material contribuyó a la poca duración de la misma.

Tolsá y su gran proyecto

Después llegó al país un nuevo virrey: Miguel de la Grúa Talamanca. Este hombre realizó una serie de actos corruptos que enfurecieron a Carlos IV, pero logró contentarlo cuando le propuso realizar una estatua ecuestre que se ubicaría en la Plaza Mayor de México. El rey aceptó y, ahora sí, Manuel Tolsá fue el encargado del proyecto.

Como el problema seguía siendo el dinero, en 1790 se realizaron varias corridas de toros para reunir los fondos. La cantidad que se necesitaba era de 18 mil 700 pesos, pero se lograron 50 mil pesos.

Ya con el dinero listo, en 1796 se iniciaron los trabajos, pero surgió un nuevo problema, ya que no podían reunir los 600 quintales de metal necesarios para la fundición. Tolsá tuvo que suspender los trabajos y para diciembre de ese mismo año, se develó la estatua realizada de madera (otra vez) y estuco recubierta con hojas de oro. La celebración duró tres días, las campanas repicaban y el virrey, la virreina y el regente arrojaron 3 mil monedas de oro por los balcones.

Cuando concluyó esta gran fiesta, Manuel Tolsá continuó con el modelado de la estatua definitiva, y usó como modelo un caballo percherín llamado “Tambor”. Tuvo que esperar tres años para reunir todo el metal que requería la fundición de la colosal escultura.

Cuando el molde quedó listo, el 2 de agosto de 1802, se encendieron los hornos de carbón. El molde se recalentó para vaciar la cera del interior y a las 6 de la tarde inició el vaciado del metal. El escultor tuvo que esperar 5 días para ver su trabajo concluido con éxito, ya que se trataba de la escultura de una sola pieza más grande que se había fundido en tierras americanas.

La pieza pesa 6 toneladas y tiene unas medidas de 4.88 metros de altura, 1.78 metros de ancho y 5.40 metros de largo. El 28 de noviembre de 1803, fue puesta al centro de centro de la Plaza Mayor de la Ciudad de México, hoy conocida como Zócalo y el 9 de diciembre se repitió la fiesta de inauguración, pero esta vez duró más de tres días, en los que Tolsá recibió los más grandes honores.

La peregrinación de “El Cabalito”

Pero tras la guerra de Independencia, cuando Guadalupe Victoria se convirtió en presidente de nuestro país, propuso fundir la obra, porque decía que su sola existencia era un insulto. Sin embargo, Lucas Alamán, impidió esa barbaridad.

Para mayo de 1823, la estatua fue transportada al claustro de la Pontificia y Nacional Universidad de México, donde ahora se ubica el edificio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Permaneció ahí durante 15 años, hasta que Mariano Arista quiso embellecer el paseo de Bucareli y ordenó su traslado en septiembre de 1852. Pero los barandales y placas de mármol no duraron ni un mes, gracias a los ladrones.

Fue hasta mayo de 1979 que Carlos IV y su caballito fueron llevados a la calle de Tacuba, frente al Palacio de Minería. Desde entonces sigue ahí, y en más de dos siglos de historia ¡imagina todos los acontecimientos históricos que ha presenciado!

Trágico error

Como ya vimos, realizar la obra fue todo un reto en el que se tuvieron que pasar varios obstáculos, pero aún faltaba algo más. Y es que quienes daban mantenimiento a la obra, terminaron dañándole en más del 50% de su superficie, al usar ácido nítrico en sus labores.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) indicó que este material, eliminó de forma irreversible la pátina que protegía la superficie, así como una cantidad de metal de la aleación del bronce, que ponía en riesgo la integridad de la escultura.

La restauración para “estabilizar” el daño a la obra costará 5.5 millones de pesos, estará a cargo del INAH y se espera que concluya el próximo año, 2017.   

Con información de México Desconocido, La Bombilla.com

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