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Juan Rulfo, el maestro de las letras mexicanas

El escritor es el nacional más leído en el extranjero, el más estudiado por el reflejo de los problemas sociales que padece nuestro país

Estephanie Gutiérrez 06/01/2017 23:20 Actualizada 15:23

Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, Juan Rulfo, para México y el mundo nació el 16 de mayo de 1917 y falleció el 7 de enero de 1986. A pesar de que fue un escritor prolífico en cantidad, bastó solo la reputación de dos obras para que se convirtiera en sinónimo de orgullo, soberbia, muerte y devastación. Sus inmortales Pedro Páramo y El llano en llamas son los dos textos que le dieron ese nombre, un nombre corto, solo, sencillo, íntimamente nacional: Juan, Juan Rulfo.

Rulfo quedó huérfano de padre a los siete años, y cuatro después perdió a su madre. Fue el tercero de cinco hermanos en una familia acomodada, asentada en la población de Sayula en Jalisco. Ingresó a la primaria en 1924, pero al perder a sus padres, se quedó bajo la custodia de su abuela, que posteriormente lo metió a un internado en Guadalajara.

Así mantuvo su educación hasta que en 1934 intentó entrar a la Universidad de Guadalajara, pero una huelga en ésta le impidió inscribirse, así que a unos meses se mudó a la Ciudad de México. Fue oyente en el Colegio de San Ildefonso, y a finales del año comenzó su trabajo como escritor colaborando para la revista América.

Rulfo, viajero

En 1938 realizó algunos viajes a diversas regiones del país como comisionado de la Secretaría de Gobernación, donde trabajaba como agente de inmigración; comenzó a ser más frecuente en sus escritos, publicaba cuentos y también hacía sus pininos como fotógrafo. Fue en estos viajes donde conoció la cultura de diversos pueblos, los dialectos y la forma de comunicación con la población en diversos pueblos.

Rulfo también trabajó como empleado en una compañía que fabricaba llantas de hule, pero a su vez coordinaba trabajos para el Departamento Editorial del Instituto Nacional Indigenista, y fungía como asesor del Centro Mexicano de Escritores, donde entre 1952 y 1953 obtuvo dos becas que le permitieron publicar en ese último año El llano en llamas, donde reunió siete cuentos ya publicados en América e incorporó ocho nuevos. En 1955 publicó Pedro Páramo, novela de la que adelantó tres partes en 1954, en las revistas Las letras patrias, Universidad de México y Dintel.

Para 1958 terminó de escribir su segunda novela El gallo de oro que no alcanzó el mismo éxito, pero sí la calidad, se publicó hasta 1980 y en 2010 apareció la edición definitiva de la obra, después de una revisión que eliminó los errores e inconsistencias de la primera versión.

En 1955 cuando apareció Pedro Páramo, fue el final de un viaje, un lento proceso que llevó escritura de años, en ella se puede verla finura de las letras, un estilo que abarca literatura de cualquiera cantidad de autores modernos y antiguos. La estructura se distinguió por ser más poética que lógica, raro para ese entonces en una novela, según dijo alguna vez, el resultado final fue precedido de páginas y páginas que no funcionaban, y que tuvieron que ser desechadas.

Desde la aparición de Páramo, Rulfo dijo en muchas ocasiones que estaba preparando un libro de relatos de inminente publicación, Días sin floresta, y otra novela, La cordillera, que pretendía hablar de una región no existente de México en el siglo XVI, pero ninguno de ellos llegó.

¿Por qué dejó las letras?

En 1976, el escritor dijo en una entrevista que la novela que había pensado terminó en la basura. Siguió publicando textos en algunos medios, por ejemplo en septiembre de 1959 cuando la Revista Mexicana de Literatura difundió con el titulo Un pedazo de noche, un fragmento de un relato de tema urbano, en 1976, la revista ¡Siempre! Incluyó dos textos inéditos de Rulfo; El despojo y La fórmula secreta.

Con la publicación de sus dos libros, el prestigio de Rulfo fue al alza, se convirtió en el escritor más reconocido de México y el extranjero. Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges, Carlos Fuentes y Günter Grass están entre sus admiradores.

Se hizo acreedor a diversos reconocimientos como el premio Xavier Villaurrutia en 1956 gracias a Pedro Páramo, en 1970 ganó el Premios Nacional de Literatura, ganó el Premio Príncipe de Asturias en España en 1983.

Desde ese momento, Rulfo ya no se dedicó a la escritura de obras, sino en realidad a guiones para cine y algunos textos que se fueron publicando en revistas, pero el maestro había dejado las novelas... ¿dijo todo lo que tenía que decir?

Con información de Cultura, Biografías y Vidas y UNAM

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