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Florence Foster Jenkins, la PEOR cantante de ópera en la historia

La intérprete no atinaba a una sola nota, en un acto de sarcasmo ella aventaba rosas al público y soportaba sus carcajadas
Estephanie Gutiérrez | 20 de Mayo de 2016 | 07:00

Este mayo sale a la luz la cinta Florences Foster Jenkins con Meryl Streep y Hugh Grant como protagonistas. La historia narra la vida de Florence Jenkins, la pero cantante de ópera en el mundo, una mujer que no lograba alcanzar una melodía, hallar el ritmo de la canción y mucho menos alcanzar los tonos de voz necesarios para su arte.

Pero esto no impidió que tuviera éxito, una carrera donde podía interpretar obras de Mozart, Vivaldi, Verdi y Brahms, aunque siempre lo hizo con un toque, en realidad, sarcástico.

Florence Foster nació en Pensilvania en Estados Unidos en 1868. Desde niña mostró aptitudes para la música y tomó clases de piano, no contaba con el apoyo de sus padres así que en 1885 se casó con Francis Thomas Jenkins, de quien se divorció en 1902, pero logró lo que la mujer quería, sacarla de su casa.

De acuerdo con un reportaje de la BBC, Florence comenzó a vivir sin buenas condiciones económicas así que comenzó a dar clases de piano, hasta que conoció a Clair Bayfield, un actor con contactos en Nueva York, quien se convirtió en su agente, más tarde su compañero y heredero.

 

En 1909, el padre de Florence falleció y le dejó una pequeña fortuna con la que la cantante pudo tomar clases y por fin mejorar su voz, por lo menos eso creía ella, porque el autor Stephen Pila, la llamó la peor cantante de ópera en el mundo, lo cual no le impidió que comenzara a realizar presentaciones anuales en el hotel Ritz-Carlton en Nueva York.

Pero Florence no era como cualquier cantante, su vestuario estaba diseñado por ella, lo confeccionaba con tul y le ponía dos alas doradas enormes que ella misma nombrara El Ángel de la Inspiración, según lo señala The American National Biography.

A pesar de que nadie creía en ella, Florence no se detuvo, grabó cinco discos entre 1930 y 1944 que rápidamente se hicieron objetos de colección.

Antes de morir, la cantante actuó en el Carnegie Hall en Nueva York, donde agotaba las entradas. De acuerdo con la revista Newsweek, cuando Florence comenzó su carrera, el público, literalmente, se reía de ella, pero en el último tramo de su vida profesional le aplaudían en “rugidos descarados” según narraba la publicación en 1944.

Florene murió en noviembre de ese mismo año de un paro cardiaco y su historia llega en la piel de Meryl Streep. 

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