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Alma Reville, la esposa y la mente maestra que impulsó a Hitchcock

La esposa del cineasta se encargaba de revisar los guiones, montaje y hasta el casting de cada una de sus películas
Maricela Flores | 6 de Julio de 2019 | 05:00
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Foto: Pinterest

Alma Reville estuvo casada durante 59 años con uno de los directores de cine más aclamados de Hollywood, Alfred Hitchcock, pero no se limitó a quedarse en casa mientras su marido hacía películas. Ella fue el eje y la verdadera clave del éxito en la carrera del cineasta.

Se conocieron en Londres, cuando ella ya tenía forjada una sólida carrera en el séptimo arte, pues se dedicaba a la escritura de guiones, a la edición, doblaje de voces, continuidad de las historias y decorados. Su pasión por el cine la llevó a ascender rápidamente, pero su avance comenzó a detenerse cuando se casó con el cineasta en 1926, pues él comenzó a gozar de mayor éxito y ella quedó relegada a un segundo plano.

Pero esto no significó un fracaso, pues siguió ejerciendo su profesión desde la sombra, convirtiéndose en la verdadera clave del éxito en el cine de Hitchcock, quien no seguía adelante con ningún proyecto si su esposa no lo aprobaba.

Reville no “gozaba” la fama de su marido, no estaba en primera fila, pero ejercía un papel indiscutible en su obra. Ella se encargaba de realizar y dirigir los montajes de gran parte de su filmografía, así como de revisar los guiones de la mayoría de sus películas y dar el visto bueno al casting.

El cineasta reconocía que después de cada toma, miraba a su mujer y le preguntaba: “¿va bien? ¿funciona?”. Alma era una de las pocas personas a las que el director de La ventana indiscreta escuchaba y hacía caso.

Alma y Alfred Hitchcock. (Foto: Wikipedia)

Ella fue responsable de tomas imprescindibles en el trabajo del director, como la mítica escena de Psicosis (1960). Fue Alma quien insistió en añadir la música de violines chirriantes, pues la secuencia estaba montada de otra forma y sin música, así que el sonido aportó una imborrable huella en nuestra memoria y se lo debemos a ella. Sin embargo, Hitchcock no tenía el detalle de colocar el nombre de su mujer en los créditos de sus producciones.

Cuando Alma Reville fue diagnosticada con cáncer, antes del estreno de Vértigo (1958), el cineasta padeció tanto, que en una ocasión aseguró que se suicidaría tirándose de una ventana, pero el tratamiento sirvió y el matrimonio duró dos décadas más.

Una de las pocas ocasiones en que el director reconoció el apoyo de su mujer, fue en 1979, un año antes de fallecer, en el homenaje que le rindió el American Film Institute: “Pido permiso para mencionar por su nombre únicamente a cuatro personas que me han dado todo su cariño, su reconocimiento, sus ánimos y su constante colaboración. La primera de las cuatro es una montadora cinematográfica, la segunda es una guionista, la tercera es la madre de mi hija Pat, y la cuarta es la cocinera más excelente que haya obrado milagros en una cocina doméstica, y el nombre de las cuatro es Alma Reville”.

Reville murió el 6 de julio de 1982 y sus cenizas fueron esparcidas en el Océano Pacífico.

Alfred Hitchcock y su enfermiza obsesión por las rubias

En palabras de Anthony Hopkins, quien interpretó al director en la cinta Hitchcock (2012), Alma Reville “era la instigadora y la fuerza clave en su vida, pero creo que prefirió quedarse en segundo plano porque sabía perfectamente que su marido era un narcisista. A él le encantaba ser una celebridad, era un hombre brillante, pero como muchos hombres brillantes era un egoísta. Alma, en cambio, era una persona tolerante y eso facilitó su relación”, indicó.

Con información de El País, Verne y Kienyke.com

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