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“Los Pinos”: Los secretos que guardan los muros de la residencia presidencial

Antes de Lázaro Cárdenas, los Jefes de Estado y sus familias residían en el Castillo de Chapultepec, pero el mandatario no quiso vivir ahí y lo convirtió en museo ¿les suena familiar?
Carolina Mejia | 2 de Diciembre de 2018 | 07:00
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Foto: El Universal

La hemos visto en fotos oficiales o hasta de lejos... pero pocos conocen la historia de la residencia presidencial mexicana. Menos aún se sabe sobre su futuro, luego de años de tener un puesto de primera fila en la historia del país.

Se cree que los terrenos sobre los que está construido Los Pinos alguna vez formaron parte del marquesado de Hernán Cortés e incluso pudieron albergar la residencia de La Malinche. Pero no es hasta 1550 que se construye en este lugar El Molino del Rey, propiedad del regidor Ruy González que llegó de la Nueva España con Pánfilo de Narváez.

Así luce hoy en día el Molino del Rey. (Foto: Jeffrey Beall/Wikicommons)

Muchos registros de la época se han perdido, pero la propiedad de “unas casas y un molino” en la zona de Chapultepec aparecen en manos de Juan Javier Altamirano, conde de Calimaya, en el siglo XVIII. Luego sigue una sucesión de pleitos, transferencias y compras que hacen que el título de propiedad vaya de mano en mano.

Desde su concepción, el Molino del Rey se convirtió en un punto clave para la defensa miliar. Cuando gobernaban los españoles se almacenaban en este lugar depósitos de pólvora. En la época independiente se estableció ahí un fuerte y una fábrica de cañones.

El 8 de septiembre de 1847 se libró en el Molino del Rey una de las batallas clave durante la invasión de Estados Unidos. Lamentablemente, el enfrentamiento acabó en derrota para las fuerzas mexicanas.

En esta imagen de Adolphe Jean-Baptiste Bayot quedó registrada la batalla histórica. (Foto: Wikicommons)

En 1854, los terrenos del Molino del Rey pasan a manos del doctor José Pablo Martínez del Río. Este médico nacido en Panamá, se naturalizaría mexicano y gracias a él, la anestesia y el cloroformo llegaron al país.

Del Río construye una casa de campo, lo que vendría a ser Los Pinos, en la loma entre Chapultepec y Tacubaya. Se dice que le llamó “La Hormiga” por se la más pequeña de sus propiedades, pero otros afirman que se debió a la presencia de este insecto en el lugar.

En 1917, cuando el doctor ya había muerto, las fuerzas de Venustiano Carranza expropian “La Hormiga” y el Molino del Rey, con la intención de ampliar una fábrica de cartuchos. Aunque Carranza permanece en el Castillo de Chapultepec, que era entonces la residencia presidencial, cede a Álvaro Obregón el honor de habitar en “La Hormiga” en función de su cargo como secretario de Guerra.

Plano de La Hormiga trazado en 1911. (Foto: Wikicommons)

La familia Del Río no se queda con las manos cruzadas y comienzan una batalla legal contra el gobierno por la propiedad. Finalmente, en 1923 reciben una compensación con la cual se establece la “compra” del terreno.

Por generaciones, “La Hormiga” se convertiría en residencia de los funcionarios más altos del gabinete presidencial. Sus habitaciones fueron ocupadas por Plutarco Elías Calles, como secretario de Gobernación y el general Manuel Pérez Treviño, como jefe del Estado Mayor.

Durante la Guerra Cristera, el general Joaquín Amaro, quien era secretario de Guerra en el momento, convierte la propiedad en su cuartel general. Es por su iniciativa que se construyen el frontón, las caballerizas y el Campo Marte.

En 1934, Lázaro Cárdenas llega al poder y se niega a habitar en el Castillo de Chapultepec. Algunos dicen que al nuevo mandatario le parecía antidemocrático compartir la morada con los fantasmas de Maximiliano y Porfirio Díaz, mientras otros afirman que la encontró demasiado ostentosa (les suena familiar).

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Cárdenas fue residente de Los Pinos hasta 1940, cuando terminó su mandato. (Foto: El Universal)

Cárdenas pone la mira en “La Hormiga”, que en aquél periodo funcionaba como sede de la Asociación Nacional de Charros. En 1935, cuando el presidente está ya en plena mudanza, se abre el Castillo de Chapultepec al público, y ese mismo año se declara Museo Nacional de Historia.

Mientras tanto la familia Cárdenas se acostumbra a su nueva residencia. Le cambian el nombre de “La Hormiga” a Los Pinos en un gesto romántico de Cárdenas, quien conoció a su esposa en una huerta con ese nombre.

En un inicio, al público no le parece el cambio. Creen que abandonar el Castillo es una ofensa contra la tradición y la historia. Con el tiempo, acaban por resignarse.

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Así es por dentro una de las oficinas de Los Pinos. (Foto: El Universal)

En el lugar no sólo se llevaron a cabo encuentros presidenciales de manera oficial, sino que Los Pinos también sirvió de escenario para fiestas, bodas y bautizos de sus habitantes.

Incluso se dice que en los sesentas, cuando un concierto de The Doors se canceló en la ciudad de México, uno de los hijos de Díaz Ordaz invitó a Jim Morrison a Los Pinos, donde consumieron marihuana.

Hasta la llegada de Enrique Peña Nieto a la presidencia, aún se podían realizar visitas guiadas en el interior de la residencia oficial. Ahora que Andrés Manuel López Obrador asuma el cargo, el futuro de la propiedad es una incógnita, pues el presidente electo anunció su intención de convertirlo en un recinto cultural.

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Con información de Memoria Política de México, Nexos, México Desconocido y El Universal

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