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Carlos de Gales, el eslabón más débil de la corona británica

Su naturaleza era tímida y solitaria, por lo que jamás pudo llenar las expectativas de sus padres, la reina Isabel II y Felipe de Edimburgo; y al parecer nunca será rey…
Maricela Flores | 14 de Noviembre de 2018 | 04:00
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Fotos: El Universal/AP

En 1969, Carlos de Gales fue investido legalmente como Príncipe, lo que lo convirtió en sucesor directo al trono de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, pero hasta hoy, sigue esperando a la muerte o abdicación de su madre, la reina Isabel II, para poder asumir sus responsabilidades.

Charles Philip Arthur George Mountbatten-Windsor nació el 14 de noviembre de 1948 en el Palacio de Buckingham. Desde que llegó al mundo, tuvo que lidiar con las altas expectativas que sus padres tenían sobre él y el escrutinio sobre cada uno de sus pasos.

Su padre, Felipe de Edimburgo, tenía una personalidad enérgica, era atlético y audaz, y esperaba que su primogénito fuera como él, pero Carlos era todo lo contrario, era un chico tímido, sensible y lloraba con facilidad cuando lo regañaban o le decían que era un mal deportista.

El pequeño Carlos con su madre, la reina Isabel II. (Foto: Fototeca El Universal)

La reina Isabel II subió al trono en 1952, y desde ese entonces se alejó de sus hijos, Carlos y Ana, pues de entrada se sabe que no era muy afectuosa con los niños. El príncipe de Gales fue el primer heredero en educarse fuera del palacio de Buckingham, lo cual se convirtió en un tormento. En el Cheam School, sus compañeros le ponían apodos y se burlaban de sus grandes orejas, además tenía que aguantar golpes de otros alumnos y de algunos profesores.

Fue entonces que su padre, Felipe, decidió que estudiara en Gordonstoun School, internado en el que él se había formado. Ahí, los padecimientos de Carlos fueron mayores. El plantel estaba en Escocia y a pesar del frío, los chicos eran obligados a usar pantalones cortos, bañarse con agua helada y salir a correr antes del desayuno. Ahí, todos lo aislaron y no hizo un solo amigo.

Todo estos malos ratos de su infancia se vieron reflejados en su adolescencia y adultez, y sí, también en su relación con las mujeres. Lucía Santa Cruz, hija del embajador de Chile en Londres fue su primera conquista y precisamente fue ella quien le presentó, en 1972, a Camilla Shand Kydd, en quien halló la atención, aprobación y amor que no había tenido en toda su vida.

Sin embargo, Carlos de Gales no pudo casarse con ella porque no era rica ni de alcurnia, a pesar de que provenía de una familia con viejas conexiones a la realeza. Camilla se casó con Andrew Parker, mientras que Lord Mountbatten, tío de Carlos, le aconsejó a su sobrino que tuviera todas las amantes que quisiera y que eligiera a una “niña bien” como su esposa. La elegida fue Diana Spencer.

El príncipe Carlos, Diana Spencer y sus dos hijos, William y Harry. (Foto: Fototeca El Universal)

Todos sabemos el fracaso que resultó su unión, pero en un inicio él creyó que podría enamorarse de Lady Di e hizo todo para que las cosas funcionaran, pero Diana también era de un carácter fuerte e intempestivo, cuando peleaban le decía a Carlos que se veía ridículo con sus medallas y le gritaba: “nunca serás rey”. Se dice que él trataba de detener los enfrentamientos arrodillándose a rezar antes de dormir, pero ella seguía gritando y golpeándolo en la cabeza, según se cuenta en el libro Prince Charles: The Passions and Paradoxes of an Improbable Life.

Carlos se separó de Diana en 1992, tras once años de matrimonio y dos hijos en común: William y Harry. El 8 de abril de 2005, tras la trágica muerte de su primera esposa, logró casarse con quien debió hacerlo 30 años antes: Camilla Parker.

Carlos de Inglaterra y Camilla Parker en una fiesta. (Foto: AP)

La reina Isabel II, de 92 años de edad, ha reducido considerablemente sus apariciones públicas y está pasando poco a poco la corona a Carlos, quien la representa de manera frecuente en los viajes al extranjero.

Expertos afirman que Carlos se encuentra en una eterna espera hacia el trono, y que, en caso de coronarse, su reinado será tan breve que no dejará huella.

Con información de El País, Semana e Infobae

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