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Rosario Castellanos: Las dietas y los tacones son un “instrumento de tortura cotidiana”

A temprana edad descubrió que la vida no es fácil, y que hay que luchar por lo que uno cree
Maricela Flores | 25 de Mayo de 2017 | 05:00
Rosario Castellanos

México ha sido un gran semillero de autores. Algunos de ellos han alcanzado la fama internacional, como Rosario Castellanos. Esta novelista, poetiza y defensora de la dignidad femenina, es uno de los personajes más importantes de la literatura nacional del siglo XX.

Nació el 25 de mayo de 1925 en la Ciudad de México, pero al poco tiempo, sus padres se fueron a radicar a Comitán, Chiapas. Cuando ella tenía apenas 7 años de edad, su hermano Benjamín falleció a causa de tuberculosis.

Ante la falta de su hermano, aprendió a hablar sola. Esos monólogos infantiles y juveniles quedaron plasmados en un diario personal, que después sirvió de base para sus novelas, cuentos y poesías.

Rosario Castellanos

En enero de 1948, antes de cumplir los 23 años de edad, quedó huérfana. Ella vivió en carne propia, y en la de los indígenas, la discriminación y el abuso, en muchas ocasiones brutales, en especial para las mujeres.

Ingresó a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y obtuvo el grado de maestra en Filosofía. Ahí se relacionó con personajes de la talla de Ernesto Cardenal, Jaime Sabines y Augusto Monterroso.

Colaboró con el rector, doctor Ignacio Chávez, ocupando el cargo de Directora General de Información y Prensa de la UNAM, de 1960 a 1966. Hasta 1974, fue catedrática de la Facultad de Filosofía y Letras de su alma mater. También se desempeñó en la Universidad Estatal de Colorado y la Universidad de Indiana.

Pero a la par de su carrera docente, escribió poemarios, novelas, libros de cuentos, ensayos, obras de teatro y textos periodísticos, todos con una línea autobiográfica; la mayoría denunciaban la discriminación del indio frente al blanco y de la mujer frente al hombre.

Como figura feminista, se vio influenciada por el pensamiento existencialista de la filósofa francesa Simone de Beauvoir. En algunas de sus obras habló sobre la desigualdad que existía en el ámbito de la cultura, la ciencia y el arte.

Cuestionaba la iniquidad laboral, así como las dietas, los tratamientos de belleza y los tacones, los cuales consideraba como un “instrumento de tortura cotidiana”.

Decía que el matrimonio era la manera de demostrar la dependencia y la falta de identidad de la mujer. Sin embargo, en 1958, ella contrajo matrimonio a los 33 años, edad en la que de acuerdo con su época, una mujer era considerada como “quedada”.

Castellanos siempre dijo que esta unión fue un desastre, pues durante los 13 años que estuvo junto al profesor de filosofía, Ricardo Guerra, vivió varios abortos y le soportó un sin número de infidelidades. Rosario conoció a su marido cuando ambos estudiaban en la UNAM, en 1949. Él ya había estado casado y tenía dos hijos de su primer matrimonio.

Gabriel fue el tercer hijo de Guerra y el único de Rosario. Tras el divorcio, el menor se quedó con su madre.

Fue una prolífica y multipremiada escritora. En 1957 publicó su primera novela titulada Balún Canán, que en maya antiguo (Balunem K’anal) significa "nueve estrellas". Castellanos sólo había publicado hasta entonces poesía.

Es una novela con tintes autobiográficos donde la autora recupera un pasado añorado y doloroso; su niñez entre dos mundos antagónicos: el de los blancos terratenientes y el de los indígenas que son explotados y abusados por los grandes poseedores de tierras.

En 1958 obtuvo el Premio Chiapas por Balún Canán. En 1961, el Premio Xavier Villaurrutia por Ciudad real y en 1962 su libro Oficio de tinieblas obtuvo el Premio Sor Juana Inés de la Cruz, solo por mencionar algunos.

Los últimos años de su vida la escritora los vivió en Tel Aviv, donde fungía como embajadora de México en Israel. El 7 de agosto de 1974 murió víctima de una descarga eléctrica, proveniente de una lámpara de mesa, cuyos cables estarían en mal estado. Ella salía de bañarse cuando se dispuso a contestar el teléfono y vino la descarga.

Sin embargo, los rumores por esta extraña muerte no se hicieron esperar. De hecho, su amiga Martha Cerda, insinuó que la escritora se podría haber suicidado ya que ella no se sentía bien desde hace tiempo atrás.

Sus restos fueron trasladados a la Rotonda de las Personas Ilustres el 9 de agosto de 1974.

Con información de Nueva Mujer y Plano Informativo

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