Pocas ideas han modificado tan profundamente nuestra visión de la
naturaleza como la del cambio implícito en la evolución de los seres
vivo. La obra El origen de las especies publicada por Charles
Darwin en 1859, propone que las diversas especies que habitan la Tierra
proceden de otras que existieron por medio de un proceso de
descendencia con modificación, es decir la evolución biológica. Dicho
proceso no se ha detenido, sin embargo la especie humana, en un
inconsciente afán egocentrista, ha olvidado que su perpetuidad como
especie no existe. La evolución jamás se ha detenido, la llamada
selección natural continúa.
A lo largo de la historia, el hombre
ha tratado de explicar la aparición de vida sobre el planeta. Sin
embargo, la primera teoría científicamente coherente la propuso el
bioquímico ruso Alexander Oparin en 1924. En su teoría explica que el
origen de la vida se debe a una serie de reacciones químicas de
aminoácidos contenidos en una sopa primigenia, es decir,
nacieron en charcos los primeros entes unicelulares; esto antecede a la
teoría de la evolución darwiniana. Según Oparin la Tierra se formó hace
unos 4 mil 600 millones de años y cerca de mil millones más tarde ya
albergaba seres vivos. Fósiles hallados nos indican que hace sólo 100
mil años aparecieron los más antiguos representantes de nuestra
especie, primero en África para luego emigrar a los otros continentes.
En
el transcurso del tiempo, diversos seres han poblado el planeta y a
través de la selección natural se han adaptado a diferentes
condiciones, modificando así la programación de su ADN. Por ejemplo,
científicos afirman que la llama y el camello provienen de un animal en
común, pero al separarse África de América evolucionaron por ramas
independientes. A dicho proceso se le denomina “especiación”.
Sin
embargo, existen misterios sobre la desaparición repentina de especies
completas, quizá la extinción de los dinosaurios hace 65 millones de
años sea el ejemplo más contundente para apoyar la teoría de la
catástrofe. Propuesta en 1980 por Walter Álvarez habla de que el choque
de un meteorito sobre el planeta modificó dramáticamente las
condiciones climáticas, creando un ambiente hostil para los reptiles.
Mitología contemporánea
¿Será posible que algunos organismos sobrevivieran a los cataclismos
que provocaron extinciones masivas?, ¿que criaturas pueden existir si
su desarrollo se separó de otras?
Éstas y otro tipo de incógnitas las explica una disciplina sin
reconocimiento oficial de la comunidad científica llamada
criptozoología; el criptozoólogo busca y estudia animales extraños o
que se creían extintos. La mitología universal nos habla de seres
fantásticos, desde minotauros hasta sirenas, pasando por dragones y
unicornios, pero ¿en realidad existieron o sólo fueron producto de la
imaginación del hombre por tratar de explicar su entorno?
El cine ha abordado infinitamente el tema de animales mutantes, ya sea por accidentes radioactivos como en el caso de Godzilla (Ishiro Honda, 1954); hipotéticas evoluciones de especies, El planeta de los simios (Franklin J. Schaffner, 1968); horribles criaturas de origen desconocido con intenciones para nada filantrópicas, Los Gremlins (Joe Dante, 1984); animales con el ADN modificado, Alligator (Lewis Teague, 1980) y Mimic
(Guillermo del Toro, 1997); incluso enormes crótalos de voraz apetito
desconocidos para la ciencia por vivir en el fondo de la jungla, Anaconda (Luis Llosa,1997).
La
literatura también tiene aproximaciones a la criptozoología. Tal es el
caso del escritor francés Julio Verne (1828-1905), la mayoría de sus
novelas están plagadas de seres fantásticos, pero con mayor énfasis en La Isla Misteriosa y Veinte mil leguas de viaje submarino.
Es en ese libro donde Verne propone la existencia de enormes calamares
que habitan en el fondo del mar; paralelamente, en 1896, se descubrió
el cadáver de uno de ellos en las costas de Florida; el científico
Addison Verrill de la Universidad de Yale certificó el descubrimiento;
las muestras de tejido que extrajeron están guardadas en el Instituto
Smithsoniano de Boston, Massachussets. Pero no es el único caso. Se
tienen reportados otros como el del monstruo del lago Ness en Escocia o
el de serpientes marinas en los grandes lagos de la frontera entre
Estados Unidos y Canadá. Está también el milenario Yety en el Himalaya
o el Big Foot en Norteamérica.
Podríamos decir que no existe rincón de la tierra que se escape de
leyendas o historias de avistamientos de este tipo. En nuestro país se
habla del anual; Carlos Castaneda en su libro Las enseñanzas de Don Juan
explica que se trata de shamanes con poderes extrasensoriales
desarrollados a partir de sustancias bioquímicas alucinógenas. Según el
autor estos sacerdotes tenían un extraño poder zoomorfo.
Otro
ejemplo dentro de la cultura popular mexicana son los alebrijes, seres
producto de la imaginación: taxidermia indefinida y multicolor. El caso
más reciente y conocido ocurrió en 1995, después de la ultima
devaluación en México. De la nada apareció en el norte del país. Algo
estaba exterminando al ganado. Había varias teorías, un ser
extraterrestre, un experimento genético fallido, hubo incluso quien lo
vinculo directamente a la identidad secreta del ex presidente Salinas:
El chupacabras.
Puede
resultar risible que hombres de ciencia dediquen su vida entera a la
obsesión por descubrir nuevas especies de animales mitológicos, pero
hay quienes han ido mas allá.
Científicos australianos lanzaron una sorprendente noticia comparable al sueño spielbergiano de Jurassic Park:
tratar de volver a la vida a un marsupial conocido como el tigre de
Tasmania que desapareció hace más de 70 años. A través de complejas
técnicas de clonación se resucitará a esta especie; la información
genética se extrajo de la médula ósea de un feto conservado en alcohol
desde 1866 y se estima que nacerá para el año 2010.
¿Qué opinas? ¿Crees que se logre?