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La historia ha revelado un dato que causa interrogantes: las primeras
civilizaciones comenzaron como matriarcados. Lo anterior, podía deberse
a dos causas: a que las esperanzas de vida de la mujer son más altas o
que gracias a su sensibilidad eran mejores gobernantes, sinceramente no
lo sé, lo que sí sé es que de un momento a otro la situación cambió.
Entonces el hombre conquistó los tronos y el liderazgo y la historia
comenzó a escribirse con guerras y ambición, con conquistas y derrotas,
con poder y política.
Para continuar, me gustaría hacer una pausa en la teoría de la
dialéctica histórica de Carlos Marx, quien presenta a la historia como
ciclos infinitos, es decir, entre algo está más afianzado, lo está
menos, pues su fin está próximo. Esto ocurre con los gobiernos y las
sociedades, ¿será que ahora la historia escribirá de mujeres al frente
de naciones, tomando las riendas del destino del mundo?
No estamos tan lejos de ver un nuevo resurgimiento femenil como
personajes protagónicos en las decisiones mundiales; algunos casos
actuales son Finlandia y Chile que tienen al frente a mujeres
destacadas que incursionaron en la política en una época donde estaba
reservada para los hombres. Es un hecho que el género masculino al
frente de la política mundial, no ha realizado satisfactoriamente su
tarea; ahora la pregunta es, ¿cómo será la historia del mundo cuando
las mujeres lo conquisten por completo?
El género femenino se ha caracterizado por una mayor
sensibilidad que responde a su función biológica de ser madre, de amar
a sus hijos, partiendo de esto, creo que el gobierno de una mujer
tendría mayor sensibilidad, incluso propugnaría por un desarrollo
equitativo de todos sus gobernados sin marginar a nadie, ¿qué bien
suena eso no?
Por otro lado, no puedo evitar pensar en lo que Nietzsche decía en Así habló Zaratustra:
“Tema el varón a la mujer cuando odia, pues en el fondo del alma el
varón es tan sólo malvado, pero la mujer es allí mala. En el amor de la
mujer hay ceguera e injusticia frente a todo lo que ella no ama”.
Pensemos entonces en una mujer con un exacerbado amor a su país,
rebasando los límites del chovinismo, imaginemos guerras en el nombre
del amor incontrolable. Quizá, será ésta la perspectiva más
desafortunada de un gobierno de mujeres, aunque por ahora no puede ser
más que una simple opinión.
¿Y será cierto que hombres y mujeres nos diferenciamos tanto?
Desde mi perspectiva no lo creo, por lo menos no a nivel político. He
conocido a mujeres igual de idealistas, ambiciosas, negativas y
destructivas que cualquier hombre, por tanto no creo que sea
inteligente declarar que el gobierno de las mujeres será mejor que el
de los hombres. Pienso que como siempre habrá gobiernos buenos y malos,
benéficos para unos y perjudiciales para otros, independientemente del
sexo del gobernante.
En fin, deseo reconocer desde este medio a todas aquellas
mujeres que han tomado la decisión de incursionar en la vida política
de su país, pues en una época donde las riendas de una nación estaban
reservadas para un género, ellas no pidieron, arrebataron lo que por
derecho y justicia les pertenece.
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