Si pudiera cambiarlo, lo cambiaría,
pero no me arrepiento.
(Diálogo de dos adolescentes en el microbús)
Hace unos días por invitación del profesor Israel Anaya asistí a un taller con el sugerente nombre de: "Viviendo mi propia muerte", en el Centro de Tanatología y Terapia de Duelo S.C. Se trata de un taller interactivo, el cual a través de sugestión y predisposición de los participantes, te hace experimentar una sensación cercana a "cómo nos imaginamos" que es el proceso de la muerte...
En cierto nivel de la dramatización, estábamos acostados y tapados con una gruesa y fría lona, nos arrojaban semillas simulando puños de tierra, grabaciones de llantos inconsolables se mezclaban con los comentarios de los asistentes a nuestro sepelio ficticio: "era tan bueno", "¿por qué él, que es tan joven?", lograba oír a mi alrededor, todo en total oscuridad.
Mientras, continuaban los chillidos y lamentaciones en lo que suponía nuestro funeral, pensaba en todas las tareas incompletas, en las despedidas no concretadas, en los proyectos incumplidos... Cuando todo fue silencio pensé: "¿Por qué llegan tantas ganas de experimentar y proyectar ahora que es imposible?, ¿por qué diablos nos contemplamos como imperecederos?, ¿por qué no aprovechamos la vida?.
La semana pasada, se presentó dentro de las instalaciones del edificio de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, en el primer cuadro de la otrora Ciudad de los Palacios, el Fanzine cultural 3D2, una propuesta de quienes SÍ se atrevieron a hacer, a proponer en sustitución frenópata...
3D2 es un proyecto surgido de la autogestión, "gente que le dio por trabajar haciendo todo lo contrario de lo que dictan las esferas del saber, del conocimiento, del entendimiento colectivo, terroristas culturales pues", así se autodefinen.