Acumular seguidores en Twitter y amigos en Twitter no nos beneficia si no estamos en conversación continua con todos estos contactos o si no existe una atención cautiva en lo que compartimos. La pregunta es: ¿quién tiene tiempo y capacidad para estrechar relaciones con miles de personas? ¿Cómo es posible tener tanta relevancia como para que todos estén atentos a lo que decimos cada día? Es imposible.
Quienes ya tenemos tiempo en las redes vamos cambiando los intereses de popularidad por los de calidad de relaciones, simplemente porque encontramos más valor en ellas. Aunque para algunos usuarios, la fama sigue siendo importante, para muchos otros es algo que no les trajo resultados tangibles en sus intereses personales y profesionales, y preferirán centrar su atención en objetivos más directos.
Es un error común el que cometen muchas personas en Twitter (o en cualquier red social) el de darle más importancia a la cantidad que a la calidad y como resultado, cada vez existe un mayor número de servicios para ganar miles de seguidores adicionales, seguidores que no tienen un valor real, ya que no están interesados en lo que decimos.
El valor no se basa en el número de contactos, sino en las interacciones, la fortaleza de las relaciones, la naturaleza de nuestra reputación y la integridad con la que utilizamos nuestras herramientas de comunicación.
La idea de formar una comunidad, de ser parte de la conversación y de lograr una democracia, una inteligencia o conciencia colectiva en las redes, nos ha dado a muchos la idea equivocada de entera disponibilidad nuestra para los demás y de los demás para nosotros, pero siempre existe esa línea que terminaremos estableciendo para poder continuar con nuestros propios proyectos de vida y de trabajo, y que nos ausenta de las redes sociales por momentos. A veces momentos prolongados si es necesario.
Las herramientas tecnológicas que hoy permiten la comunicación abierta, ampliamente accesible y de velocidad inmediata han aumentado nuestras expectativas de atención y de respuesta que muy difícilmente se cumplen. Estamos exigiendo que las personas se reflejen a través de las redes sociales, pidiéndoles que estén continuamente disponibles, democráticamente contestándonos y en un total "código abierto" para compartir su tiempo, experiencia y conocimientos.
No somos máquinas. Estamos en red y hemos mecanizado los centros nerviosos de nuestro mundo, pero no somos autómatas. Debemos dejar de esperar eso de nosotros mismos, y tenemos que dejar de esperar eso de los demás también simplemente porque las herramientas hacen que la conexión sea posible.
Siempre he creído y seguiré creyendo en la reciprocidad en plataformas como Twitter, pero con el tiempo he aprendido que el acceso y el diálogo con los demás no se presentan de forma implícita, se van ganando y deben ser recíprocos. Mientras pedimos a otros entender y simpatizar con nuestra propia limitada condición humana, muchas veces hacemos un pésimo trabajo respetando las limitaciones humanas de otros.
Nos hemos adoptado con mucha facilidad al potencial ilimitado de las conexiones en diferentes plataformas, pero debemos recordar que los nodos de estas masivas redes entrelazadas son los humanos a quienes queremos encontrar en ellas. Nosotros nos permitimos filtros, prioridades y límites, y debemos respetar que también otros tengan filtros, prioridades y límites para interactuar.
Entendamos que si lo que buscamos es una verdadera conexión entre personas y no con máquinas, debemos emplear algo de tolerancia y aceptación por las imperfecciones propias del ser humano. Dejemos de ambicionar miles de seguidores y empecemos a fortalecer los cimientos de nuestras relaciones y a hacer más conexiones con personas con las que realmente comparten nuestros intereses.
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