Dicen que los sueños se pueden lograr y que lo primero es creérsela; estos jóvenes se la creyeron y con un estupendo futbol, vencieron a Brasil en la final del Mundial Sub17, un 2 de octubre de 2005, y se consagraron como campeones mundiales.
Este galardón para el futbol nacional fue, y es, histórico y prácticamente insuperable, sólo una Copa del Mundo en el nivel mayor podría igualar este logro tan peculiar y trascendental.
En la primera fase, el equipo dirigido por Jesús Ramírez se impuso 2-0 a Uruguay, 3-0 a Australia y cayó 2-1 ante Turquía, para calificar, con seis puntos, a los cuartos de final de la justa.
En la siguiente ronda venía un rival que se consideraba “a modo”, Costa Rica, pero el partido no fue fácil y terminó empatado a un gol en el tiempo reglamentario. En el tiempo extra, México terminó con un triunfo de 3-1 final.
Ya en las semifinales, el rival era Holanda, y México lo goleó con un contundente y definitivo 4-0, teniendo como gran figura al joven César Villaluz, quien anotó tres goles para la causa tricolor.
El obstáculo para ganar el trofeo era un histórico del futbol en cualquier categoría: Brasil. El partido fue dominado en su totalidad por la escuadra mexicana, que nulificó el funcionamiento de los amazónicos y les pasó por encima con un 3-0 en el Estadio Nacional de Lima.
Carlos Vela metió el primero en una estupendo remate de palomita a pase de la sensación, Giovani dos Santos. Instantes más tarde, Esparza logró el segundo, mientras que cerca del final, Ever Guzmán redondeó la goleada.
La entrega del trofeo fue un momento muy emotivo, e incluso rodaron algunas lágrimas por este equipo que, al menos por aquel día, se atrevió a ser grande; y se puede, ¡vaya que se puede!