Conocida también como epilepsia musicogénica, la musicolepsia es un mal que impide a quien lo padece escuchar cierto tipo de música ya que inmediatamente sufren tics nerviosos, incontinencia urinaria y espasmos epilépticos.
La primera manifestación de musicolepsia se registró en 1884 y a partir de entonces, los casos, aunque no se han incrementado, han aparecido con cierta regularidad en el mundo. De acuerdo a estudios que se han llevado a cabo, la musicolepsia puede ser primaria o secundaria. La primaria es aquella que se presenta cuando existe una relación directa entre la música y el mal de las personas; la secundaria se refiere al hecho de que la persona ya es susceptible a los ataques y la música detona estos padecimientos.
Oliver Sacks, neurólogo estadounidense del Colegio de Medicina Albert Einstein de Nueva York, comenta que este padecimiento puede deberse a que "nuestro sistema auditivo y nuestro sistema nervioso, están predispuestos a la música. Quizá seamos una especie musical igual que somos una especie lingüística. Pero parece ser que hay en nosotros una peculiar sensibilidad a la música, una sensibilidad que fácilmente puede salirse de control".
El área del cerebro en la que se presenta este padecimiento es difícil de ubicar aún para los neurólogos; sin embargo, el caso de la canadiense Stacey Gayle, ha dado nuevas luces para una posible cura a este padecimiento. En el año 2006, a sus 25 años, Stacey sufría de continuos ataques epilépticos vinculados directamente con la música, en ese momento fue trasladada al Jewish Medical Center de Long Island en el estado de Nueva York.
El director del área especializada en epilepsia del hospital, el Doctor Ashesh Mehta dirigió los estudios practicados a Stacey que consistieron en hacer un escaneo de su cerebro mientras ella escuchaba música; a las áreas con más actividad les fueron colocados unos electrodos, mismos que fueron extraídos en otra operación junto con las áreas a las que señalaban.
El resultado fue que los ataques de Stacey disminuyeron considerablemente ya que al remover el área del cerebro que detonaba las convulsiones, la música dejó de ser un problema para ella.
Actualmente se calcula que unas 150 personas en el mundo sufren de este mal. Respecto al futuro de los tratamientos para controlar este padecimiento, Sacks refiere: "En los últimos 20 años ha habido muchos avances al respecto, sin embargo, apenas hemos tocado la cuestión del por qué, para bien o mal, la música tiene tanto poder".