Por Wendy Arroyo
Owen Thor Walter, un adolescente originario de Nueva Zelanda, que en julio del año pasado se declaró culpable de haber ayudado a una banda de ciberinfiltrados a penetrar en más de un millón de computadoras alrededor del mundo y a exprimir varios millones de dólares de cuentas financieras, hoy se desempeña como consultor de seguridad para una compañía de telecomunicaciones.
Los cargos contra Walker, que empleaba el alias "AKILL", fueron deslindados y salió en libertad sin antecedentes penales lo que le permitió dar asesorías a directivos de importantes compañías como resultado de sus habilidades frente a amenazas de seguridad en redes informáticas.
Algunos ciberintrusos envían miles de correos electrónicos no deseados al sistema de computadoras de alguna compañía o del gobierno, cargándola excesivamente y provocando una caída del sistema. Otros toman el control de miles de computadoras y las juntan en racimos controlados centralmente, conocidos como botnets.
Los hackers pueden usar las computadoras para robar información de tarjetas de crédito, manipular operaciones accionarias y provocar la caída de sistemas de computadoras.
La vulnerabilidad proviene de una función de JavaScript de los principales navegadores: Explorer, Firefox, Safari y Chrome, que cuando se emplea, deja una huella temporal en la computadora y cualquier otro portal puede identificarla. Precisamente, las páginas de las redes sociales, de juegos online, de azar, de instituciones crediticias, entre otras, utilizan esta función.
Ante la problemática, especialistas de Microsoft presentaron la versión 8 de su navegador Internet Explorer, que cuenta con varias medidas de seguridad, en gran parte por el avance de las amenazas que provienen de Internet.
Pero no sólo Microsoft está ocupándose del tema, distintas organizaciones, instituciones, empresas... han decidido blindar su información frente al peligro que representan los hackers.
La Santa Sede implementó un plan de seguridad contra piratas informáticos y usuarios indiscretos en los más de de 190 países donde tiene presencia.
Para ello la Oficina de Internet de la Sede Apostólica y la empresa Sophos firmaron un acuerdo de colaboración para prevenir los peligros derivados de accesos a la red, internos y externos, no autorizados y por lo tanto potencialmente dañinos.
Aunque el robo de información es uno de los principales objetivos de estas organizaciones delictivas, que emplean para ello códigos maliciosos como virus y aplicaciones espías ("spyware", en inglés), también existen otros, como bloquear y o derribar, en términos tecnológicos, los servidores donde se alojan los sitios web de empresas y organizaciones.