En una especie de Jamaica
bajo cero, una fiestota de buena vibra y ritmos "asincopados" en las merititas faldas del Ajusco, con una
vista espléndida del "Pico del Águila" y con la primavera a flor de piel, el
sábado festejamos la llega del equinoccio con el verde, amarillo y rojo
contextualizando el escenario.
Luego de un atraso de más de
siete horas, a partir de la clausura que autoridades le recetaron al festival,
a causa de supuestas irregularidades que impidieron la entrada y salida al
predio ubicado en el kilómetro 12.5 de la carretera Picacho-Ajusco, se realizó
el festival
Quetzalcoatl.
El festival dedicado a la
música reggae se llevó a cabo en medio de un clima de camaradería que
propiciaron más de una veintena de bandas y sounds systems
provenientes de toda la República.
The
Gladiators, una emblemática agrupación jamaicana, eran quienes encabezaban el
elenco; muy entrada la madrugada, y bajo un cielo estrelladísimo, los
organizadores relataron la triste noticia de que algunos de los integrantes de
la banda se quedaron "atorados" en Cuba por cuestiones de migración.
Sin embargo, el público
rastudo no se preocupó demasiado por el asunto, pues Antidoping se
aventó el "palomazo" con los metales de The Gladiators, los únicos que
llegaron a nuestro país; además, sirvió para concretar la propuesta de
los
organizadores para que quienes conservaran su boleto, asistieran
de manera gratuita al próximo toquín de la banda.
Los
Rastrillos, Bungalo Dub, Corpus Klan, Xicury Dub, Nognes,
Proyecto Maconha, Brixtosn Sounds, entre otras agrupaciones, alternaron en dos
escenarios; "lo mejorcito del reggae en México", según dijo Jacobo, vocalista
de Antidoping, en medio de un campo lleno de casas de campaña, malabaristas,
fogatas, donde lo mismo se podía beber un café de grano, agua de mango o un
fresco jarro de tlachique.
Algunos precios provocaron consecuencias
en los bolsillos de los asistentes, pues aunque una chela costaba 20 varitos,
un chocolate o una botella de agua duplicaron su precio.
La fiesta terminó más allá de
las ocho de la mañana, cuando los últimos asistentes recogían sus tiendas y, por
una módica cantidad, eran empujados
hasta el metro CU.
Una fiesta para recordarse, Quetzalcoatl bajó de la montaña para
recordarnos que la primavera palpita en nuestros corazones.