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"Sufrí dos accidentes graves en mi vida: Uno en el que un autobús me
tumbó al suelo... El otro accidente es Diego". Sin duda, la descarada
confesión de un amor eterno. El cual ardía en un puente que también
puede ser llamado "el punto de partida".
Envuelto en la fragilidad de este anochecer, tomo el lápiz y dibujo con
estas palabras. Primero, al viejo y angosto puente bajo mis pies. Me
rodea la esencia de un amor desgarrado. Respiro las memorias
inolvidables de dos amantes eternos. Me acaricia la soberbia de un
silencio profundo, el único habitante ahora de las dos casas. A mi
derecha, el blanco estudio del famoso muralista. El lugar que esconde
los secretos de Diego Rivera. A mi izquierda, la casa que pintada de un
azul rebelde oculta la vida desmesurada de Frida Kahlo.
Las dos casas tienen grietas. Rasgos trágicos de una pasión rabiosa, de
un amor feroz, de una mujer y un hombre implacables... Ahora la veo a
ella. Vestida de colores ardientes, sus manos resbalan por la ventana.
Su mirada hacia el horizonte expresa la añoranza, el miedo, la pasión,
la vida, la muerte. Es ella una sobreviviente del dolor, hoy escombros
de una fría soledad. Ella sigue ahí, pintando un nuevo mañana, alegre y
cruel al mismo tiempo. Deja la habitación.
Diego pinta. Pinta con fuerza. Su furia y desenfreno rompen el lienzo.
No soporta esa soledad que corroe sus entrañas. Se levanta y camina a
la puerta. La azota. Vuelve al punto de partida. Los dos vuelven,
escapan del mundo que los ahoga. Cara a cara, callan. Alimentan su
pasión con la mirada. Aunque el puente es frágil, se acercan cada vez
más. Empiezan desde cero, sin reservas ni mentiras. Se entregan sin
temores a la luz de un nuevo día. Tal como sucede noche a noche...
Escenas irreales, quizá posibles, en el espacio dedicado a la memoria de Diego Rivera y Frida Kahlo: Museo Casa Estudio Diego Rivera.
Lugar casi olvidado al sur de la Ciudad de México, donde el muralista
pintó la mayor parte de su obra de caballete (más de 3 mil cuadros) y
proyectó los murales que realizó en la segunda parte de su vida. En
tanto, Frida se consolidó como artista al crear varias de sus obras más
importantes en este lugar.
La estructura del museo marca un parteaguas en la arquitectura moderna.
Son dos casas unidas por un angosto puente. Diego Rivera pidió al
arquitecto Juan O´Gorman
que edificara un lugar donde, tanto él como Frida, vivieran separados,
unidos sólo por un puente. Hoy, el museo exhibe la última obra de
caballete que pintaba Diego antes de morir, dibujos, piezas de arte
prehispánico y popular, documentos, libros, objetos personales y
fotografías de época, que recrean la atmósfera de vida y trabajo de los
dos pintores.
Y sí, la vida se detuvo para ellos en ese lugar, pero su historia, su
esencia, siguen ahí. ¡No dejemos que este sitio mágico se pierda!
Alguno de estos días, vuelve a este punto de partida, detente en ese
puente, enrédate en su atmósfera y "recuerda que cada tic-tac es
un segundo de la vida que pasa, huye y no se repite. Y hay en ella
tanta intensidad, tanto interés, que el único problema es saberla
vivir, de echar todo a perder y volver a empezar. Un acertijo que cada
uno resuelve como puede".
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