La importancia de un espejo en nuestras vidas. ¿Se lo han
preguntado? No sólo funciona para cazar defectos y uno que otro
complejo, también para conversar con nuestro otro yo. Es así como le
llamo a nuestro reflejo, siempre callado, pero con la verdad en los
labios. Él lo sabe todo, no se engaña a sí mismo y cuando lo
confrontamos nos encontramos en un eterno limbo donde nadie escucha
nuestra voz, sólo hay un raro silencio.
Escena sumamente extraña, pero parte de la vida. No nos damos cuenta,
pero día con día reinventamos nuestra cotidianidad con este tipo de
experiencias y ése es el tema central de la exposición La invención de lo cotidiano en el Museo Nacional de Arte (MUNAL) hasta el 11 de marzo.
Les platicaba lo del espejo porque en el vestíbulo del MUNAL se ubica
uno muy grande. Y antes de ingresar a la primera sala, te piden
enfoques tu cara y postura en él. "Mírense muy bien y piensen, si el
artista les hicieran un retrato, ¿qué cara pondrían y qué les gustaría
que la fotografía dijera para ser recordados por muchos años?", se lee
en un póster. Es así como da inicio el viaje a lo mundano, a lo de
siempre, pero con nuevos enfoques. No sólo sobre los objetos de diario
como unos simples calcetines, sino sobre nosotros. Ahí radica la magia
de esta muestra: ¡La reinvención de uno mismo!
Por ejemplo, vasta con mirar nuestro reflejo sobre el monitor o en un
espejo y preguntarnos ¿cómo lo reinventaríamos?, ¿qué le hace falta,
qué le sobra? No dicen que renovarse o morir, el misterio en ese otro
yo está en ¡atrevernos a cambiar! ¡Romper nuestros propios límites! Y
así ¡arriesgarnos a reinventar nuestro destino!
Cuatro formas de leer al mundo
Esa sensación que nos rodea al hacer este pequeño ejercicio es la energía de lo cotidiano,
la primer tarea que propone la exposición. Sentir esa energía a través
de una mirada distinta a nuestra vida diaria. Cuestionar el orden
normal de lo que vemos y subrayar las contradicciones que existen. En
pocas palabras, leer al mundo de otra forma.
Pero esa magia no sólo radica en la vida, también en el paisaje. De ahí resulta la segunda tarea: Descifrar el entorno.
Si miras a través de cualquier ventana, lo que ves son códigos sin
límites. No importa si son bosques espesos o innumerables azoteas y
antenas de televisión. Con esa imagen que vemos tras el cristal hay una
tierra para explorar. Para preguntarnos ¿qué se escucha?, ¿cómo es el
clima?, ¿por qué estamos ahí?
Esta última pregunta se aplica también al ver cualquier autorretrato.
Historias de todos los días que pueden ser vistas como nuestras estrategias identitarias,
la tercera tarea. Pero no sólo analizar nuestro reflejo, también la
forma en la que hablamos, la gente a la que frecuentamos, la comida que
nos gusta, el lugar donde vivimos, porque cada uno de estos detalles
cotidianos nos identifica perfectamente. Son una vivida imagen de
nosotros mismos.
Pero esta imagen puede quebrarse si nosotros lo queremos. Al final de
la exposición hay un pizarrón, en él puedes criticar la muestra, a los
artistas o a ti. ¿Por qué no rebelarnos frente a lo que vemos, frente a
lo que los demás quieren de nosotros? La antidisciplina es la última tarea y el final del recorrido. Es esta idea la que resume perfectamente La invención de lo cotidiano:
un juego de rebeldía donde si percibimos nuestro día a día con otros
ojos, habremos tirado los dados, rechazando nuestra realidad, en busca
de una vida más audaz, quizá insolente, pero con vientos de cambio.