Un día antes, las tribunas del
estadio Olímpico Universitario aplaudieron a unos Pumas que salieron campeones
de la ONEFA, con una victoria de 17-0 ante Águilas Blancas.
El domingo la confianza era de los
universitarios. Todos llegaron temprano para el encuentro ya clásico en la
Ciudad de México. Las medidas de seguridad estaban a tope, las revisiones eran
exhaustivas, la entrada de los celestes fue buena, pero el "goya" rugió con
todo.
Ya suman seis partidos en los cuales
la máquina del Cruz Azul vence a los universitarios en su propia casa, ya les
han tomado la medida. A pesar de que el apoyo de la afición auriazul como
siempre es para su equipo.
El inicio del encuentro
era de los Pumas, los cuales adelantaron sus líneas y gracias a un pase de
Fernando Morales hacia Francisco Palencia, él pudo adelantar el marcador a favor
de los universitarios en el minuto cuatro.
Nadie dudaba de la
clasificación felina. La afición se mantenía incondicional con sus cánticos y el
tradicional "¡Cómo no te voy a querer!", pero no
lograron alentar la victoria
Dos minutos más tarde,
el ex Puma Gerardo Torrado puso el empate con un balón colocado en el ángulo
superior derecho de la portería de Sergio Bernal.
Con un empate, las
posibilidades de pasar a las semifinales eran únicamente de los Pumas, pero el
ánimo de los cementeros no cesó.
La primera parte del encuentro, Pumas mantuvo el empate; en la
segunda mitad, con la entrada a la cancha de Leandro Augusto, el brasileño
naturalizado mexicano, parecía que todo estaría bajo control.
No fue así; las pocas llegadas de la ofensiva felina no encontraban
el gol y los cruzazulinos intentaban llegar al gol cada vez más.
Al minuto 58, Miguel Sabah, después de despojar a Efraín Velarde
del balón, clavó el gol que los ponía en las semifinales; para asegurar el
pase, al minuto 67, César Villaluz remató anotando un gol para festejar a todo.
Los Pumas ya no tenían mucho por hacer, la victoria ya era de los
celestes y el estadio poco a poco se fue quedando en silencio; la violencia en
las tribunas se acrecentaba y los rostros tristes de los universitarios
comenzaron a abandonar el inmueble.