Cuatro sueños en la sala de espera. La fragilidad de la
impaciencia no irrumpió en Victoria, Alejandro, Roberto y Lusak. Es más, la
sepultaron. Las más de cinco horas perdidas alimentaron su esperanza, su deseo
de dar a conocer parte de su esencia, esa efervescencia propia de esta nueva
rebeldía en la moda.
Esta semana arrancó la
décima Fashion Week México (Primavera-Verano 09) en Campo Marte,
pero lo que se suponía sería un espectáculo sin precedentes, fue desplazado por
el retraso y la mala organización, los protagonistas de la noche. Quienes estuvieron a punto de poner fin a la
lucha y talento de los cuatro protagonistas, los participantes del Fashion
Forward (el primer programa institucional de apoyo a nuevos diseñadores
mexicanos).
A contratiempo...
Mientras afuera el
dramatismo y la incertidumbre se dejan ver, tras bambalinas estos diseñadores
esperan pacientes. Tirados sobre la duela, su cara refleja cansancio:
"Estuvimos batallando años para entrar a la Fashion Week y por fin
pudimos acceder. Ya llegamos y aunque los nervios entre más pasa el tiempo son
más fuertes, sólo nos queda esperar...", murmuró
Alejandro, quien junto a Victoria conforman la marca Dirty Rock.
Un equipo dueño de un
nuevo concepto de moda alternativa inspirado en el rock y las artes visuales,
el cual surgió "ante la necesidad de crear algo diferente en el medio de la
moda y la música. Diseñar nuevas imágenes para las bandas del género rock,
porque una imagen habla más que mil palabras."
Y mientras platicamos,
a lo lejos se escuchan los martillazos que sacuden el escenario principal. Aún
no se tiene lista la pasarela, ni las gradas, ni mucho menos la planta de luz.
Seguimos esperando.
"Esta vez nuestra
propuesta nace de dos discos: "Black Holes and Revelations" de Muse y "Year
Zero" de Nine Inch Nails. Y está ubicada en un contexto futurista donde
radica la destrucción de la humanidad. Las prendas reflejan la autodestrucción
de los seres humanos al intentar sobrevivir."
Un vistazo a sus
prendas, aún dentro de los plásticos protectores, presumen sus colores fríos y
sombríos como el negro y el azul, combinados con detalles metálicos cobrizos,
"para expresar lo desgastante que es vivir en un mundo destruido por los
efectos de la contaminación global."
Victoria está callada.
Ansiosa. El reloj sigue su curso con total
escepticismo. Tras nosotros, un trío de chavos están a punto de perder
la templanza: "¡Qué diablos está pasando! ¡Cuánto tardamos en llegar hasta aquí
y nos hacen esto!". Con más nervios que antes, Alejandro cierra la conversación:
"La FWM fue nuestro ideal desde que estábamos en la escuela, por todo lo que
significa: relaciones con la industria, publicidad y mostrar quiénes somos. Es
un arma secreta". Al igual que su
esperanza.
Total oscuridad. En
segundos, un haz de luz ilumina a Roberto, quien sale de la cortina negra que
divide el escenario de donde estamos, el back stage. Compartimos algunas
palabras. Él es dueño de su marca Zamarripa. "Llegar hasta aquí
significó una gran carga de trabajo y un largo trayecto. Siempre con el anhelo
de posicionarme en la industria de la moda."
Podría decirse que
todos nos sentimos atrapados. Encerrados, primero, tras la cortina negra y,
segundo, tras una manta blanca que nos separa del salón donde se guardan los
diseños de Trista, porque fueron muy claros cuando entré aquí: ¿A quién vas a
entrevistar? ¾me
preguntaron¾ ¿A los del fondo o a los importantes?
"Es muy difícil
llegar, sobre todo dar los primeros pasos. Lo importante es estar
comprometidos, confiados. Con mucha conciencia de lo que estás haciendo.
Dispuesto a luchar con tal de defender lo que quieres", asegura Roberto, quien
aprovecha unos minutos para explicarme su colección: "Lleva por título La
retórica de la pose. Prendas que hagan del cuerpo una escultura, un
instante estético. Una transición entre el ritmo y el amor absoluto."
Sus cortes regalan al
portador la oportunidad de despertar y trascender, a través de líneas rectas,
siluetas bien definidas, simplicidad en las telas y contrastes en las
tonalidades que van del blanco puro al plata estruendoso.
Sin importar los
martillazos como música de fondo, aún sobre la duela, Lufac acepta compartir
algunas palabras. "Llevo cuatro años o más trabajando al lado de diseñadores top
mexicanos como León Felipe, pero
ahora me animé a sacar mi línea individual. Esta vez voy solo. Quiero que la
gente pueda apreciar mi visión antisistemática, la de no seguir las tendencias.
Que puedan conocer mi filosofía: la extrema individualidad, defender lo único,
lo unisex."
Al ritmo de su voz sus
manos recorren sus prendas. Su colección exhibe fibras puras, naturales, "por
ahora, no creo en lo sintético. Hago uso del lino, de la piel de anguila y la
pintura a mano. El fin es texturizar las telas Que luzcan sus colores como el
blanco, el café y el gris junto con sus detalles sutiles en naranja y verde
fluorescentes".
Firme en sus
respuestas, Lusak cierra diciendo: "Estoy nervioso sí, pero no tanto por el
rollo de la desorganización, sino por los rostros que vienen a juzgar mi
individualidad, pero yo sé que la gente se va a llevar una buena impresión.
Estoy seguro de mi trabajo". Cuando nos despedimos, dice: "Sé que va a salir
bien". Y continúan esperando. "¿Se rendirán?", me pregunto.
¡Luces, cámara,
acción!
Oscuridad. Lo que
tendría que haber comenzado a las 17.30, arranca a las 23.07 de la noche.
Aparece un fondo amarillo fluorescente. La espera termino. Sale la primer
modelo portando un vestido blanco aperlado, corto y desgarrado, dejando ver los
cortes asimétricos y la piel de anguila, diseño de Lufac. Estalla la nube de
fotógrafos. Todas las miradas siguen las pisadas de los tacones y los vuelos
del vestido espectaculares.
Cada diseño cuenta una
historia diferente. Modelan vestidos plateados electrizantes, shorts rasgados y
pashminas de grises cristalinos y silenciosos, totalmente artesanales.
Presumiendo la magia en la tijera de Lusak.
A continuación, el
turno de Roberto. Sale una modelo a la pasarela luciendo un vestido corto de
telas puras, blancas, con mangas volumétricas y de olanes. Cuando llega de
frente a los fotógrafos, el diseño eterniza su sobriedad, su naturalidad, su
sofisticación en la imagen. La silueta está poco marcada, sin dejar la
sensualidad a un lado. Con telas ligeras de colores desde el beige y el
champagne hasta los platas deslumbrantes en pantalones cortos y minivestidos
voluminosos, el formato de elegancia, frescura y simplicidad continúa en todas
sus creaciones.
La última colección
toma su turno con Dirty Rock, la
cual se reduce a dos palabras: vanguardista y cosmopolita. La rebeldía en los
cortes se reflejan desde su primer modelo, quien envuelta en un fondo de luz
roja sale a la pasarela, portando un conjunto de dos piezas: una minifalda
formada por dos trozos de tela negra y gris roca junto con una blusa del mismo
tono, que deja al descubierto los hombros y parte del pecho.
A este atuendo, le
siguen playeras sin mangas, teñidas con
un morado deslavado, que algunas veces libera un tenue lila. Detalles como
cintas, hebillas y cierres cerrados. Shorts lisos que pueden llegar a sonar
como clichés para primavera-verano, pero Dirty Rock los transforma con
telas como el satín teñido en negros totales, dotándolos de una elegancia
particular.
Silencio. Sale la
última modelo peinada con una cresta punk de un rojo fulminante; una mirada
desafiante; una chamarra negra con el cierre cerrado hasta el cuello; un
minivestido púrpura; unas mallas con hoyos por doquier y unos converse negros. La
diferencia provoca conmoción total. Se disparan inmensidad de flashes.
Fotografías de una nueva juventud urbana y retadora. Un aplauso frenético. Y
sí, la emoción y el talento de estos jóvenes fueron encarcelados tras
bambalinas, pero no fue suficiente. Escaparon.