Ella es secreta y espectacular. No hay más. Nelly Flores pertenece a
las jóvenes del nuevo siglo. Inquietantes, baluartes propios de una
feminidad mágica. Estas mujeres son cosmopolitas, modernas, clásicas,
románticas y míticas. Nelly es una joven promesa del diseño de modas.
Una artista de la tijera, quien confía en su audacia para conseguir el
éxito, para conquistar el mundo.
La moda realmente importa, claro que importa. Pienso
eso sentado en un banquillo de la barra de una cafetería, con una taza de café
justo frente a mí. Sólo unas cuantas personas me acompañan cuando está a punto
de llegar el mediodía. Coincidencia o no, justo a mi lado, un amigo vestido a
cuadros y mezclilla acusa a la moda
de suscitar las adicciones modernas y por eso, afirma, debemos restarle
importancia. Yo sé que esto del mundo de
la moda es cuestión de vanguardia. De talentos jóvenes y creativos
imposibles de no conocer.
Tal motivo
me llevó a entrevistarla. Nelly Flores es una joven prometedora, con el sueño
de grabar sus diseños en las mentes de millones alrededor del mundo. Hemos
quedado a las 12.30 en uno de los salones del Instituto Superior de Moda, en
Casa Francia (CF). Ubicada en uno de los barrios más surrealistas y juveniles de
la capital: Zona Rosa, donde las escenas y personajes seducen la mirada del
peatón. A unos minutos del encuentro, y sin ninguna servilleta a la vista, no
tengo donde secarme el sudor de las manos salvo en los pantalones. Y es que el
encuentro entre el escritor y la diseñadora se materializó por teléfono, a
través de una intermediaria. Ninguno ha escuchado la voz del otro. Con ese
ánimo, combinado con la desesperación propia de los años modernos, pido la
cuenta y paro un taxi.
Confeccionando un mundo
Mientras
el taxista cruza la ciudad, voy pensando en la excusa que ha propiciado esta
entrevista: la pasada participación de Nelly Flores, como nuevo talento, en la Fashion Week México (FWM). Me han dicho que sus primeros
pasos en la Semana de la Moda se traducen en lucha y éxito, nada más que eso.
Bajó del taxi.
Un misterioso edificio me abre la puerta.
Al caminar algunos pasos, las cosas cambian. La atmósfera clásica de la CF
desaparece, llega una nueva, inspirada en esas escuelas de moda neoyorkinas,
donde todo es blanco, desenmascarando a los jóvenes más atrevidos y
desinhibidos, quienes inundan los salones, los talleres y los pasillos,
arrastrando maniquíes con vestidos estrafalarios, elegantes y folclóricos. Hay
bocetos y telas regados por cada rincón. Por doquier se habla de colores,
tallas y nuevas tendencias.
Se me
comunica que Nelly llegará en cualquier momento, me avisarán. Y llega al fin.
Intranquila, en jeans vaqueros, un tapado café con estampados vintage y
tacones bajos. Le sigo hasta una mesa de corte sobre el corredor. Suelta una
bolsa de papel estraza con ropas arrugadas, se quita sus lentes y acomoda su
lacio cabello mientras pide disculpas por la tardanza: "Sucede que tengo tres
entregas finales esta semana. Y aún no veo el final". Su rostro denota
cansancio. Enseguida, silencio.
"¿Qué por
qué soy diseñadora? La moda es lo que finalmente soy. Es mi forma de
expresarme. Difícil, por cierto. Puedo decirte que desde niña me gustaba vestir
a las muñecas de papel. Pero hoy, ese juego se transformó en riesgo."
Un riesgo
donde Nelly se juega el todo por el todo; primero, contra ella misma. Desde que
se inició en la carrera de modas, su creatividad y perfección la han llevado a
combatir sus propios fantasmas, como abandonar sus prejuicios contra lo nuevo;
a decidirse por seguir sus instintos; a confiar en sus visiones, pero
principalmente en sí misma, y a propagar el mensaje de que no importa si se es
joven para dejar huella.
Pero quizá
sus mayores obstáculos han sido su familia y su ciudad. "Al principio, obtuve
un no rotundo para seguir mis sueños, para confeccionar mi mundo. Y lo sé,
ellos estaban preocupados por mi futuro. Ahora cuento con todo su apoyo. Aunque
todavía recibo críticas sobre lo que hago, algo así como: «¡Sacarás a la calle
eso!». Quizás el paso del tiempo termine con eso". Y en cuanto a la capital:
"Yo soy defeña de corazón. Pero debo confesar que antes yo creía que me
tendría que ir por la poca fe que tenía en México; es muy complicado encontrar
donde expresarte, porque, a diferencia de otros países, México no tiene una
cultura de la moda. Sin embargo, después de todo lo que ha pasado, no me
imagino lejos de aquí. Me imagino viviendo aquí, trabajando aquí."
En
momentos, Nelly distrae su mirada en los maniquíes que cruzan el pasillo y
calla. Vuelve la mirada y dice: "Siempre he sentido que la moda es tan
importante para mí por ser arte: sí, es mi forma de expresarme, pero también de
entenderme, de conocerme. Es un arte privativo, individual. Porque si bien se
comercializa, es tan palpable, tan visible, que tiene una característica más
allá: es esa forma de expresarse que cada uno tenemos, es nuestra forma de ser
únicos, y eso no se vende."
Arte que
se refleja en su estilo: "Yo manejo formas, texturas y colores propios del
armario de la abuela. Lo viejo, lo vintage, lo clásico femenino, me
gusta transformarlo. Le aplico tintes nuevos, frescos, actuales. Rescato eso
que estamos perdiendo de vista: nuestro pasado".
El secreto: ser espontánea
-¿Háblame
de la Fashion Week?
-Yo le tengo
miedo al público. No puedo, ni por un segundo, pararme en un escenario y hablar
en público. Una semana completa no pude cerrar los ojos, todo por los nervios
al imaginar que, al salir después del desfile a la pasarela, me tropezaría o
sufriría uno de esos eventos desafortunados que nadie pide tener. Pero ya en la
escena no ves nada ni pasa nada, sólo te rodean flashes y gritos...
Veo en su
expresión una emoción evidente: ese labio superior temblando y una sonrisa
iluminada. "La convocatoria me llegó un fin de semana antes de entregar el
proyecto. Urgentemente tuve que buscar una inspiración y ponerme a dibujar.
Comúnmente, primero me empapo de información sobre las nuevas tendencias, dejo
soltar la imaginación y plasmó con total inspiración. Pero para FWM tuve que
ser espontánea. Ni siquiera dibujé, todo fue sobre la máquina de coser. Esos
días me pelee con el mundo, me aparté de todo.
"El día
del casting, en CF, éramos como 10 chavos. Nunca me había sentido tan opacada;
empecé a ver cosas muy creativas e innovadoras. Mientras los minutos pasaban me
llenaba de más miedo y angustia. Tomé valor y me dije que la única solución
sería confiar en mí. Llegó mi turno...
"15 días
pasaron y recibí los resultados... La FWM es la mayor producción de moda del
país. El sueño de todo joven diseñador es llegar a ella, exhibir en ella... y
logré hacerlo. El día de mi desfile llegué tarde. Todo se comenzó a complicar.
Los nervios me atacaron desde que entré al lugar...
"Entre
preparar la ropa, a los modelos y atender a cada persona que me preguntaba
algo, el tiempo se ocupaba de pasar a una velocidad impresionante. Nunca sentí
tanta presión, quería renunciar, pero por fin estaba en mi sueño. No más
muñecas de papel... Al salir, escuché a todos gritar, pero nada me importaba
más como el enfrentarme a mi familia, mis mayores críticos. Pero no recibí más
criticas, cuando bajé a verlos, sabía que finalmente todos estaban conmigo".
Cuestión de fe
Timidez
expresa cuando me pide, en voz baja, que la acompañe a una mesa más grande,
donde extiende el contenido de la bolsa de papel estraza: algunas piezas de esa
colección instintiva. "¿A poco no el café te recuerda a lo viejo? Me gusta
mucho este overol teñido. Me gusta usar mucho el casimir. Ésta es una polo con
doble cuello. Mira, a poco no está súper: un jumper con doble cuello. Lo
más especial fue este pantalón, me es muy difícil confeccionar ropa de hombre y
al hacerlo utilicé un molde de mujer, pero no salió bien. Me peleé con la
máquina de coser 24 horas seguidas".
Mientras
mis ojos no paran de mirar y mirar, Nelly defiende su propia concepción de la
silueta femenina. Y así lo demuestra al expresar su enfado contra todos los
artificios que quitan naturalidad y movimiento al cuerpo femenino. Está
orgullosa. "Aunque debo confesarte que nada de esto ha sido fácil. He tenido
ganas de botar todo de una vez. Sobre todo cuando llevo sentada más de 10 horas
seguidas en la máquina de coser y no me sale la prenda que busco. Sólo consigo
llorar y frustrarme. Y después de tanto, cuando por fin ya tengo la prenda,
nunca falta quien me dice: «Ah, pues... ¡está padre!» Pero confío mucho en mí.
Soy la única en la que puedo confiar".
El tiempo
se ha acabado. Y mientras me acompaña hasta la salida, bebe un poco de agua y
rompe el silencio: "Nada, que... en la
moda todo depende de que tan honesto seas contigo mismo. De averiguar si tienes
la suficiente pasión y fe para esto. Sé de algunos chavos que se ven trabajando
para grandes firmas, soñando con viajes por todo el mundo. Y es posible, sólo
es cuestión de fe".