Se persigna, concentrado en pegarle al otro, en
el cómo meterle los golpes. El joven boxeador Carlos Cuadras se recupera de
aquella decisión unánime que lo dejó fuera de los Juegos Olímpicos de Beijing,
pero antes de que le cuenten hasta diez está de regreso en el terreno
profesional.
"Desde
muy pequeño me llamó la atención, le dije a mí papá, ¡quiero ser boxeador!"
Sus primeras
combinaciones de golpes se remontan a sus siete años: "A mi familia le gusta el
box, tengo un tío que lo practicó, pero nadie lo trascendió", comenta para tva.com.mx
y con una sonrisa recuerda cómo el amor de su madre lo alejó por primera
vez del boxeo, no obstante, a los 12 retomó lo que define como su pasión.
Si bien "hay cosas buena
y malas" dentro del deporte mexicano, también es cierto que son pocos los
espacios para entrenar, así que Carlitos tenía que trasladarse hasta el
Distrito Federal para ello: "Es un poco difícil y más cuando las escuelas no
apoyan al deportista", explica.
Su rapidez y buen manejo
de piernas se reflejó en diversos campeonatos estatales y nacionales; pronto,
llegó al Comité para esquivar más de un derechazo: "La Federación de Boxeo la
tuvieron abandonada todo el ciclo, se
les quitó todo el apoyo por las derrotas en Atenas, donde no ganaron ni un
round, no tuvimos giras, salidas, campamentos, nada, sólo en el Comité. Al
campeonato Panamericano fui con el fogueo de un campeonato nacional, entonces
creo que eso no sirve."
Aquí
su récord
Como amateur, sus logros
suman 130 peleas, de las cuales perdió 15 y ganó 115; fue a campeonatos
mundiales: "Lo mejor que me ha pasado es escuchar el Himno Nacional Mexicano en
los pasados Juegos Panamericanos, estar en el pódium y escuchar el himno es
algo que no se puede describir con
palabras. Ver a tu país en lo más alto, ser el campeón y decir ‘¡Yo les gané a
todos! es algo muy padre'."
¡1,
2, 3, 4, 5, 6, 7, 8...!
Aún no tiene alguna
cicatriz, su dureza lo ha hecho recuperarse rápidamente de los pequeños
moretones; tiempo atrás su objetivo era estar en Beijing, "hay que ser
optimista, si no se pudo, hay otra oportunidad y no dejarla ir."
Lo que pasó fue que
"desgraciadamente cuando se acercaron mis Juegos Olímpicos, hubo algunas
fallas, me enfermé cuando fue el selectivo, luego los directivos no quisieron
darme otra oportunidad, entonces me quedé fuera y decidí hacerme profesional.
Gracias a Dios tengo el apoyo de don José Suleimán para tener un buen
entrenador, un buen promotor y ahora estoy bien en el terreno profesional."
A punto de tirar la
toalla, pensó en descansar un año o dos para dedicarse a la escuela; tal vez se
hubiera convertido en chef o psicólogo, pero "hablé con mi papá, con Tatiana y
me motivaron a seguir y creer que no todo estaba perdido y que aún quedaban
muchas cosas por hacer".
Soy un chavo normal, como cualquier otro, que le gusta el box, me gusta
mucho esforzarme y lograr lo que quiero"
Sencillo, alegre,
responsable... Carlos se muestra equilibrado en esta etapa de su vida: "Es una
satisfacción saber que todo el trabajo de levantarse a diario a correr, ir al
gimnasio, pelear, da sus frutos."
Sueña con ser campeón mundial
y admira, aunque no quiere ser como él, a Julio César Chávez; su próxima
contienda es el 16 de octubre en Japón y en diciembre, en Playa del Carmen;
para febrero de 2009, buscará hacerse de un título juvenil.
Aún con sus
responsabilidades, Carlos Cuadras se divierte, va al cine, le encanta bailar,
estudia la preparatoria y no cae en provocaciones, pues se concentra en poner
en práctica lo entrenado, pues sólo sabe responder con los puños...