La primera vez que me regalaron flores tendría unos 12 ó 13 años. Era un llamativo arreglo de 40 rosas color sangre y me las dio un chico algunos años mayor que yo. En aquella ocasión, no fue el exuberante arreglo lo que me hizo dar un gritito seguido de un “¡gracias!”, sino ver al muchacho asomando la cabeza tras tremenda canasta repleta.
“¿Te acuerdas del “ramote” que te llevé? (tonito medio arrabalero, por favor) No pu´s que me lo traje desde Jamaica en la micro, nooo ni te imaginas venía bien llena la condenada y luego pa’ acabarla estos cábulas (señalando a los orangutanes de sus amigos) nada más burlándose de mí”.
Imaginen la escena: Tres corpulentos pubertos, botellitas de agua en mano, cuidando no maltratar el arreglo (que dicen les costó un dineral xD), mientras en “misión imposible” cruzan toda la ciudad hasta cumplir el objetivo, aguantando miradas indiscretas, burlas y hostigamientos.
No debe ser fácil andar cargando todo el día la muestra de adoración a una damita y todo para que nosotras les demos un simple “gracias”... Pero, ¿qué creían?, ¿que nos arrojaríamos en sus brazos?
Bueno, quizá eso es lo que los chicos de la Europa del siglo XVIII pretendían. Se cree que desde ahí se gestó la costumbre de regalar flores para expresar sentimientos y conmemorar etapas especiales de la vida.
El detalle de lo efímero
Platicando con un chico por MSN me dijo que en teoría quien las regala no debería esperar nada a cambio, sin embargo es lógico que algo se debe recibir; mínimo una sonrisa o de perdis el gracias: “Menos que eso, sería decepcionante y la verdad se me quitarían las ganas de volver a llevarle flores a alguien”, comenta Griffin de 22 años.
Siendo prácticos, las flores no tienen gran utilidad. Es decir, no es algo que puedas llevarle a alguien para otro fin que no sea decorar, entonces, ¿por qué gastar tu dinerito en algo así?
Mi amigo me ponía este ejemplo: “De querer algo ‘útil’ bien pude haber gastado 25 pesos en un litro de leche y un cuarto de jamón y llevárselo; eso significaría, mira te traigo comida que es más útil que una flor, ahora úsala, cómetela o dame de comer con ella. Sin embargo, una flor es un obsequio que cumple con la única función de ser un presente, de hecho que no sirvan para nada las hace un detalle aún más lindo.”
Al recibirlas, una como mujer se siente importante, abochornada, pero importante. Crees que todo el mundo te mira, y no a ti, sino al obsequio. Si estás en la calle hasta caminas más femenina, las hueles, quieres mostrarle a todos tus flores, que ni siquiera te gustan porque a ti te agradan los claveles y las rosas blancas, pero no importa, el detalle aquí sí es lo que cuenta y pocas jóvenes se pueden resistir a ese encanto.
Ya sé que este tipo de halagos no es barato; un arreglo de 20 rosas te puede costar hasta 300 pesos, dependiendo de la temporada, pero una flor a lo mucho cuesta 15 pesos y es posible que cause un efecto similar… depende de ti.
Un tip: Es mejor dar obsequios sin el usual “perdón”. Hay casos de parejas en las que un ramo es sinónimo de que ya hiciste algo mal, una cosa es ser detallista de vez en cuando y otra sólo para ofrecer disculpas.
Si bien la táctica funciona, no hay que desgastarla.
Cada flor tiene un mensaje explicito e incluso una emoción. Hay libros que abordan esta temática seriamente como El lenguaje de las flores de Aurora Sánchez (2000) e incluso se han hecho estudios, como los del médico inglés Edward Bach, en los que con ayuda de las flores se pueden combatir enfermedades. Para más información: http://www.floresbach.com .
“La flor es efímera, pero siempre queda en el recuerdo”, por ello es difícil olvidarte de la persona que te la dio. Así que chicos, no pierdan esa costumbre, y niñas, hagan caso a esto:
¿Tú que esperas cuando le llevas flores a alguien?
“¡Lo que venga! Una sonrisa o un agradecimiento ya es ganancia; unas mejillas sonrojadas, un beso, un abrazo, un gritito de alegría, un suspiro, una mirada tierna o coqueta, lo que sea es motivante, pero que se me aviente a los brazos y me dé un beso o muchos, así tipo Minnie, la novia de Mickey Mouse, ¡es lo que más me gustaría!”.