Hace unos cuantos días, Olga Duron, productora de Radio Educación, me
cuestionaba con grabadora en mano lo que para mi representa ser joven,
después de pensarlo un par de segundos le respondí que es el increíble
poder de las posibilidades, es decir tener un amplio panorama de sueños
verosímiles, que pueden o no hacerse realidad a partir del esfuerzo,
sacrificio y empecinamiento personal y colectivo: "Tener las riendas de
la vida en nuestras manos", dije.
Este domingo húmedo de ventarrones gélidos primaverosos
opté por el auto enclaustramiento cinéfilo, desde los primeros minutos
quedé embalsado por la sincronización perfecta de efectos, música,
colores y texturas de un documental mexicano, estrenado hace más de un
año, y que no había podido ver.
Se trata de En el Hoyo (Juan Carlos Rulfo, México,
2006) y en él sus propios protagonistas narran la supervivencia
cotidiana de los responsables de la de la metamorfosis que sufrió el
Periférico durante la construcción del segundo piso.
Estos héroes anónimos, empanizados con cal y cemento, confiesan
a la cámara de Rulfo cómo es que han fortificado su vida detrás de un
alienante y agresivo trabajo que se roba el tiempo, la creatividad y la
juventud mientras inhibe la esperanza en una castrante realidad
cotidiana, ahí donde la azarosa muerte se sortea cada segundo:
"Nosotros lo construimos y ¿quién se lleva los trofeos?", cuestiona con
amargura "El Grande", uno de los albañiles protagonista de la cinta.
"Cuando dejamos de aprender, de curiosear, cuando perdemos la
sed de experimentar, entonces empezamos a envejecer", abundé en mi
argumento sobre la juventud...
Los personajes de En el Hoyo carecen de estas
expectativas, les han sido arrancadas por la pobreza y la necesidad los
ha llevado a enrolarse en este innumerable ejército de peones,
fierreros, maquinistas, cargadores sin nombre propio, con un apelativo
que apenas describe su constitución física: "El chaparro", "El feo",
"El Shrek", ellos no tienen las riendas de su vida, son manipulados por
los hilos del hambre y la miseria: "Sí nos da miedo, pero más miedo nos
da no tener para comer el sábado", confiesa con risa amarga el "Media
cuchara" mientras amarra una varilla con alambre en lo alto del
vertiginoso pilar que servirá como soporte del puente.
Muy pocos saben que sus fuerzas no serán eternas y por eso se
dedican a ahorrarlas para continuar su vida en otro lugar con sus
familias alejados del ruido ensordecedor de los martillos y
excavadoras; otros, mueren antes de ver sus sueños cumplidos o el fin
de la mega obra. "Dicen que el diablo necesita almas para sostener la
construcción", rememora una joven mujer policía de mirada torva que
noche a noche se encarga de señalizar las desviaciones vehiculares;
ella ha sido testigo de los innumerables decesos que irremediablemente
una construcción de esta magnitud provoca.
Mega obras, mega túneles, mega puentes, caminos que jamás serán
transitados por quienes se encargaron de su construcción, lujo
reservado no sólo para los poseedores de un automóvil, incluso para
quienes paguen la cuota correspondiente...
"Ser joven es tener las riendas de la vida en nuestras manos,
aguantar los embates de la realidad que se empeña inescrupulosamente en
arrebatárnoslas".
Sitios de interés:
http://www.enelhoyo.com.mx/