Sábado 17 de mayo de 2008
   
 
 
Un paseo por Reforma
Paseo de la Reforma exhibe, desde hace tiempo, 71 bancas que durante este tiempo han sido testigos de miles de historias
Por Víctor Adrián Espinosa
tVa.com.mx - 2008-05-17
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A lo lejos alguien tocaba el saxofón. La lluvia caía con fuerza.

Paseo de la Reforma, a lo largo de cuatro kilómetros, exhibía 71 bancas de diferentes formas, cientos de autos circulando y el ruido clásico de la capital. Sin embargo, ocultaba algo... un cúmulo de historias. Y así empezó un sábado en la exposición “Diálogo de bancas”.

“Basta ya de tus sueños, ¿y los míos?”, preguntó la dama del vestido rojo y bucles negros a su amante. Sentados sobre la banca para obispos (de Gustavo Monroy) vino un silencio; sólo se miraron fijamente el uno al otro. En ese instante, el joven, de cabellera rubia y pupilas grises, la tomó de la mano.

El diluvio los cubría. Eran el espectáculo para muchos que, bajo algún techo alrededor, se escondían del agua.

El silencio dominó. Las dos cruces negras, respaldos de la banca, fueron testigos de los cientos de palabras que, a través de sus ojos, estos jóvenes gritaron.

Después, cesó la tormenta.

El barco de la vida

El viento agitaba las aguas que dejó la lluvia sobre el asfalto. Entre estas corrientes navegaba un trasatlántico, presumiendo sus cuatro chimeneas eminentes, varios pisos y su único pasajero, quien miraba atentamente el océano de concreto agitarse con el viento. Era un anciano que portaba una boina café y las arrugas que corrían por su rostro.

“¿Qué si he viajado en barco? Llevo una vida en él. Mi viaje aún no termina, todavía siento la brisa acariciar mi cara y cuando eso acabe: anclaré”, relató el señor Martínez, mientras sostenía una sombrilla entre sus manos que nunca abrió.

“Mis ropas están empapadas, pero créame, ¡no importa!”, explicó el marino sentado sobre la Banca del Atlántico de Miguel Ángel Alamilla.

Aunque el mensaje original de esta exposición era formar un espacio de diálogo entre los capitalinos, las sillas formaron un diálogo de historias, retratos de la vida de cada uno de los que se han sentado en ellas.

Bajo el Ángel, un jarabe tapatío

El cielo se limpió de nubes, se pintó rojo y el calor llegó acompañado del jarabe tapatío.

Sudando y con sus manos húmedas, Juan Carlos, violinista de profesión, tocaba las cuerdas de su instrumento entonando melodías del folclore mexicano.

Aunque no había vestidos de todos colores agitándose al son de los mariachis, Juan sí puso a bailar a un grupo de turistas estadounidenses que, sin dejar de fotografiarlo, zapatearon con alegría y singulares movimientos en la glorieta del Ángel de la Independencia.

El violín no paraba de sonar. Más personas llegaban al lugar. El humo de cigarro aumentaba. La fiesta no terminaba. “Por esto vengo a Reforma, me gusta la gente y más que se animen al son de las cuerdas”, dijo el músico. Entre los artistas de la exposición destacan las bancas de Alberto y Francisco Castro Leñero, Saúl Kaminer, Luis Manuel Serrano, Noé Katz, Naomi Siegmann, Manuel Felguérez, Vicente y Alba Rojo Cama, Eloy Tarcisio, Pedro Friedeberg, Yvonne Domenge, entre otras.

De compañeras: la soledad y una tigresa

En este montón de emociones, también estaba la soledad reflejada en un hombre. Descubierto por la puesta del sol, contemplaba circular a los autos. Su mirada cansada expresaba su muerte paulatina por la rutina, pero ese momento era distinto, por fin era libre. La costumbre no lo mataría.

En esa banca (Tú y tres de Legorreta + Legorreta) había tres ocupantes: el hombre, la soledad y el tiempo. Sin embargo, llegó una acompañante más.

Los tacones dorados se aproximaban. Era una mujer –flaca, vestida con minifalda púrpura y botox en los labios- atrapada en el cuerpo de un hombre. Llegó a la banca, encendió un cigarro y tomó asiento.

Sus ojos parecían dos tigres acechando y sus labios rojo carmín susurraron algunas palabras directo al oído de su vecino; él se mantuvo tieso y por su frente escurrieron algunas gotas de sudor.

Ella sacó de su bolso rosa una pequeña libreta, anotó un número y arrancó la hoja. El hombre seguía inmóvil. Fingía mirar el movimiento de la gente. De pronto, sonó su celular. ¡La campana lo salvó durante cinco minutos! Todo ese tiempo, el hombre sostuvo el teléfono sobre su oreja pero nunca abrió sus labios. Al colgar, se paró inmediatamente.

La tigresa atacó. Detuvo al solitario jalándolo de la mano y, antes de que éste pudiera pronunciar una palabra, ella le metió en el bolsillo del pantalón la hoja con el número.

La fémina tiró el tabaco y lo aplastó con el tacón. Encendió uno nuevo. Caminó despacio, mientras el viento mecía sus cabellos rubios y se apartó del lugar con el ocaso detrás.

 
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10 comentario(s)
BIEN, MUY BIEN!!  

Enviado por:
ALEJANDRA
mail
D.F.
2008-05-23
10:27

Bellisima pero muy muy Bella Cronica, Jamas hubiera podido describir nada de lo que mire cuando andube recorriendo toda la exposición de Vacas en Reforma unicamente se me ocurrio tomarme muchas fotos para el àlbum del recuerdo y con esta forma que tienes de describir paso paso lo que miras Has hecho que recordara cosas Bellas de ese momento Gracias Adriàn Felicidades eres unico.  

Enviado por:
sole pagina
mail
D.F.
2008-05-19
16:49

Hola.. Adrian,
Es la segunda nota que leo de ti, y me encanta esa forma que tienes de percibir la cosas y mejor aun de expesarlas para los demas, gracias por compartirlo..!!
 

Enviado por:
Paola

mexico
2008-05-19
11:32

Una crónica que vale la pena comentar. Eres un artista de la pluma. Adrián vas por muy buen camino. Gracias por regalarnos escenas que tus ojos pudieron contemplar. ¡Felicidades!  

Enviado por:
Armando A.
mail
España
2008-05-19
00:07

jaja que bonito! es uan cronica como bien literaria y bien bonita! una perspectiva bien diferente del trasncurrir diario de nuestras vidas! cada uno ha visto esas bancas o se ha sentrado en las mism,as pero las historias que ahi se desarrollan son distintas para cada uno! muy bien! me gustó!  

Enviado por:
ester

México
2008-05-18
23:54

Me gustó mucho cómo escribes. Tienes talento muchacho, sigue así. Es un relato fascinante. Una historia que merecía ser publicada. Gracias. ¡Felicidades!  

Enviado por:
Alfredo G.
mail
Chiapas
2008-05-18
23:45

Subiste el nivel, una vez más V.A.E. tE QUEDÓ GENIAL. Esperamos más. Felicidades.  

Enviado por:
Gabriela M.
mail
México
2008-05-18
00:37

Las contrastantes vidas que se pueden encontrar en lugares típicos que engalanan la cuidad de México, es lo que percibi d este relato. Una mezcla de vidas y tradiciones,desde los amantes, un anciano que conoce el lugar a la perfección, y una supuesta dama; hace que nos percatemos de que no sólo en estos lugares -Refoma- ocurren cosas tan diferentes; las bancas, tan sólo son uno de los muchos conocidos lugares que engalana y son historia de nuestra Ciudad. Y así como polanco, la Zona Rosa y hasta el mismo, Centro de la Ciudad; ocurren minimas cosas que son percatadas por un excelente obervados y relatadas a gran lujo.  

Enviado por:
isis

mexico, D.f
2008-05-17
17:20

Muy buena, tu nota, sútil pero envolvente narración, refleja muy bién, parte de lo interesante que es estar ahí, pues sin lugar a duda siempre se tiene un recuerdo de ese lugar, en mi caso siempre he pasado por ahi con los amigos, no había notado lo que dice bien: lugar, testigo de miles de historias.  

Enviado por:
Luis G
mail
México. D.F.
2008-05-17
15:23

¡WAOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! ESTA SEMANA TE CONOCÍ Y ME QUEDÉ CON UN BUEN SABOR DE BOCA CON TUS TEXTOS VIC. Y AHORA, UNO MÁS. ¡FELICIDADES! SI ERES EL DE LA FOTO, MÁS FELICITACIONES. ES UNA CRÓNICA RIQUÍSIMA, DELICIOSA Y CON GANAS DE IR Y VER CADA ESCENA.

MUCHAS FELICIDADES. TU FUTURO EN ESTO ES MUY PROMETEDOR, NO LO OLVIDES: EL QUE PERSEVERA, ALCANZA.

 

Enviado por:
GABRIEL S.
mail
MÉXICO
2008-05-17
15:02

 
 
 
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