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Desde mi perspectiva, no podemos decir que un metrosexual se ama mucho,
por el contrario, el excesivo cuidado viene, en algunos casos, a
sustituir la poca autoestima; por lo tanto, un metrosexual no es un
narcisista, pues alguien que no se baña y no se cuida puede quererse y
tener muy alta autoestima; ese podría ser el caso de un intelectual,
por ejemplo, creo que un metrosexual es más bien un egocéntrico.
La verdad es que en nuestro país, tan lleno de tabúes, los
metrosexuales pueden ser tan perseguidos o discriminados como los
homosexuales y, aunque parezca exageración, puedo decir que muchos
hombres son metrosexuales de clóset.
El metrosexual, al igual que el emo, es el rebote a la
represión del lado femenino que todo hombre tiene, es el grito de la
naturaleza que los griegos escucharon muy bien y que sólo ellos
pudieron entender; sin embargo, al ser la reacción y no algo auténtico,
el metrosexual y el emo surgen con el resentimiento de la represión de
siglos por parte de la iglesia, la cultura, los tabúes, los padres,
etcétera.
Una vez más, la tolerancia es la clave.
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