La película Un día sin mexicanos (Sergio Arau, 2004) relata
una historia catastróficamente aleccionadora para el pueblo gringo: 24
horas sin braceros; los vecinos del norte de repente se quedan sin su
acostumbrada dosis de mano de obra barata, por causas desconocidas
desaparece la servidumbre latina, ya no hay quién limpie sus excusados,
nadie les sirve de comer, nadie cuida a sus hijos o mascotas, los
albañiles y todos los peones, se esfuman sin decir aguava... Y
frente a una desaparición de tal magnitud, los estadounidenses se
vuelven locos, el caos reina en toditita la panza del Tío Sam: sin duda
una lección subliminal a través del celuloide.
Según datos del Consejo Nacional de Población, a inicios del
2008, el 5% de la fuerza total laboral en Estados Unidos es de
mexicanos inmigrantes, quienes hasta hace un año sumaban más de 22
millones, lo que representa 16% del total de la población trabajadora
en el país. Cada día aumenta el número de latinos avecindados en EUA y
ellos poco a poco han ido contagiando y difundiendo sus usos y
costumbres, creando una tercera "nación".
Todo mundo conoce la
tremenda discriminación que sufren los inmigrantes, tanto por parte de
connacionales, como de un gran sector de estadounidenses, los más
extremos incluso “los cazan”, literalmente. El bélico gobierno de
George Bush, el cual para fortuna de toda la humanidad vive sus últimos
momentos, jamás intentó una reconciliación con los inmigrantes; al
contrario, la inmoral pared que dividirá a nuestros países con acero y
concreto, continúa su violatoria construcción, incluso dentro de
nuestro territorio.
Hace unas cuantas semanas, todo mundo lo
sabe, fue clausurada una exitosísima campaña publicitaria del vodka
Absolut; en ella se mostraba un colorido mapa del territorio nacional
antes de la invasión estadounidense, entre 1846 y 1848, el slogan decía
algo como: "En un mundo Absolut".
Bueno, pues ante tal “desfachatez”, el gobierno gabacho
y algunas instituciones de derecha pusieron el grito en el cielo,
argumentando que dicha composición comercial incitaba al separatismo y
la rebelión. Entonces, amablemente, se le "sugirió" a V&S Group, la
empresa que elabora el licor, retirar el "subversivo" anuncio.
Me pregunto qué efecto tendría una campaña parecida en otras
latitudes del globo, digamos, por ejemplo, Chechenia, Tíbet, Palestina,
Irlanda, el país Vasco; seguramente nos llevaríamos muchas grandes
aunque, quizá, no tan agradables sorpresas: ¡Salud!