Como muchas de mis historias más interesantes, ésta empezó en la disco.
Bailando en la pista de Popstarz en Londres, le eché el ojo a una
persona de muy buen ver. Sorpresivamente, me empezó a hacer señas para
que me acercara. Incrédulo, volteé hacia atrás para cerciorarme de que
me estaba hablando a mí: no había nadie más a quien le pudiera estar
hablando. Contento y dando rienda suelta a mi imaginación, caminé hacia
la figura angelical, ya frente a ella, me preguntó: Do you sell any drugs?.
Esa decepción, al ser confundido con un narco, fue el primer paso hacia
la institucionalización de la venta de drogas en Holanda.
Bueno, no exactamente.
En realidad, el primer caso de tolerancia oficial de narcóticos
tuvo lugar mucho antes de que naciera, en 1970, cuando la policía
recibió instrucciones de no arrestar a los vendedores de cannabis en un
festival de música. Después de casi cuatro décadas, ¿por qué hacen esto
en Holanda y qué resultados tiene?
En realidad, lo que me pasó en Inglaterra es la norma en la mayoría de
los países fuera de Holanda, incluyendo México. Cualquier persona que
desee consumir una droga, independientemente de la razón que tenga,
tiene que comprarla en la calle, en la disco, o clandestinamente.
Al mismo tiempo, está claramente demostrado que a pesar de todas las
consideraciones imaginables, mucha gente decide utilizar sustancias
para alterar su ánimo, sin que ninguna ley se los impida (inclusive en
Singapur- donde la posesión de drogas se castiga con la muerte- se dan
casos).
Tomando esto en cuenta, el gobierno holandés decidió que:
a) El consumo de drogas es un problema de salud pública, y no de criminalidad, y
b) Existe una diferencia entre drogas “suaves” y “fuertes”.
Es decir, la persona que voluntariamente consume drogas atenta
contra su salud, pero no es un criminal (¿y es que cómo podríamos
considerar criminales a personajes como Robin (y Robbie) Williams,
quienes han tenido problemas con las drogas?) También, a pesar del
dramatismo novelesco de decir que alguien “cayó en las drogas”, es
ridículo poner a la marihuana- que es más o menos igual de dañina que
el cigarro, aunque mucho menos adictiva, y mucho menos destructiva que
el alcohol- en la misma categoría que la heroína, la cocaína o el XTC,
que son muy nocivas, adictivas y, por supuesto ilegales, también en
Holanda.
Es por eso que se decidió dejar que las coffee shops
sean el único lugar en el que la venta de drogas suaves está permitida.
En teoría, se protege a la gente al crear un lugar en el que a) hay un
vendedor responsable que proporciona drogas de calidad y no las vende a
menores; b) el cliente común no se ve en la necesidad de convivir con
mafiosos sin escrúpulos que también venden drogas “fuertes”; y c) se
pagan impuestos que pueden canalizarse en la rehabilitación y
prevención.
¿Y en la práctica?
Según algunas estadísticas, las juventudes alemana, francesa y
belga consumen más cannabis que la neerlandesa, a pesar de su
intolerancia e ilegalidad. Otro estudio sugiere que el 4.6% de la
población holandesa consume cannabis regularmente. Es decir, una
fracción del porcentaje de fumadores y consumidores de alcohol.
Para los adictos a las drogas “fuertes”, hay centros especiales
donde se les proporcionan cantidades limitadas, a cambio de que las
consuman en un ambiente seguro y que acepten tomar terapia para mejorar
sus vidas. De acuerdo al reporte australiano Drug consumption facilities in Europe and the establishment of supervised injecting centres, estos lugares ayudan a evitar molestias a la población en general y los daños causados por el consumo de drogas en la calle.
¿Cómo se experimenta la libertad?
Es diferente para los locales que para los turistas. La gente de aquí
por lo general compra su hierba para fumársela en casa después o antes
del trabajo o de la escuela, o con amigos después de clases. Sin
embargo, los turistas jóvenes, por lo general, no aprecian las
comodidades de sus moteles y se ven forzados a consumir en la coffee shop (aunque muchos bares y discos permiten el uso de drogas “suaves”).
Si saco la conclusión correcta, la lección que la sociedad neerlandesa
aprendió en su política anti-drogas fue la de evitar las
generalizaciones: no es lo mismo un traficante desalmado que un
consumidor aburrido en busca de evasión.
En fin, información sin prejuicios, lo demás son cuentos marihuanos.
**Gerardo nació en 1987 en la Ciudad de México, fue criado en la
planicie tabasqueña hasta los 14 y hoy cursa la carrera de Estudios
Europeos con especialización en Desarrollo Internacional en la
Universidad de Ámsterdam.