Vivir bien

 

“San Lunes”, la época en la que era un día festivo y de descanso

¿Tendría beneficios no trabajar ese odiado día? Es posible que sí y muchos más de los que imaginas
Estephanie Gutiérrez | 18 de Abril de 2016 | 06:30

La mayoría de las personas tienen problemas para trabajar el lunes, regresar del fin de semana de fiestas o desveladas, o simplemente de descansar, puede ser un verdadero fastidio. A veces piensas en qué pasaría si el lunes fuera un día de descanso y regresarás el martes, tal vez en algún momento no se trabajaba los lunes.

Bueno, si esta idea te ha pasado por la cabeza, podemos decirte que sí en un momento, no se laboraba los lunes. A finales del siglo XIX, durante la revolución industrial, los trabajadores de Inglaterra y en todo el mundo, tenían un día libre, el domingo. Fue ahí donde surgió la festividad de Saint Monday (San Lunes).

Según el libro The industrial revolution de T.S. Ashton: "De forma espontánea, los trabajadores empezaron a dejar de acudir a su puesto los lunes. Esta costumbre no oficial comenzó en las minas y de ahí se extendió a las empresas textiles y a casi todo el tejido laboral británico", así lo relata Quo España.

Los patrones aceptaron tal conducta y el lunes pasó a ser un día festivo, aunque ninguna ley lo señalaba como tal. La actividad de las empresas quedaba solo reservado para recibir o entregar pedidos.

Esta costumbre se mantuvo hasta entrado el siglo XX, y se realizaba en países tan diversos como México o Francia, donde se decía esta frase: "El domingo es el día para la familia e ir a misa. Y el lunes, para cultivar la amistad".

Es común escuchar opciones de que sea el lunes es el tercer día de descanso, aunque ¿haría una diferencia? Al parecer sí, así lo explica Arthur Stone, profesor de psiquiatría de la Universidad de Stony Brook de Nueva York: "A volver a trabajar el martes, la semana se haría subjetivamente más corta. Y, aunque el viernes, estaríamos más agotados, ese día el ánimo seguiría siendo positivo por la cercanía del fin de semana".

Pero no todo es miel sobre hojuelas, esa sensación de bienestar y optimismo se iría diluyendo a partir de los dos o tres años de instaurar el nuevo día festivo, cuando la sociedad ya no lo percibiese como algo excepcional. "A partir de entonces, todo volvería a ser como ahora. Y el malestar que ahora sentimos el lunes, se trasladaría al martes".

 

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