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Salvador Dalí, un artistas versátil, polémico y narcisista

Joyas, muebles, accesorios, cine, poesía, además de la pintura y escultura, el artista español era el ajonjolí de todos los moles…
Maricela Flores | 11 de Mayo de 2018 | 05:00
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Foto: AP

Salvador Dalí era versátil, polémico y narcisista… Prácticamente lo hizo todo dentro del surrealismo: ejecutó la pintura y escultura con perfección, trabajó en el cine con Luis Buñuel y Alfred Hitchcock, además de que se dio el lujo de diseñar joyería y muebles.

A nadie debe quedarle duda de que se trata de un hombre de personalidad extravagante, que se convirtió en uno de los artistas más rentables del siglo XX.

Salvador Dalí nació el 11 de mayo de 1904, en la ciudad española de Figueres, en el seno de una familia burguesa. De acuerdo con su autobiografía La vida secreta de Salvador Dalí, “a los tres años quería ser cocinero y a los cinco, Napoleón”. No logró eso, sino algo de mayor escala.

Fue un niño precoz, en lo que respecta a las artes. A los 12 años de edad descubrió el estilo de los impresionistas franceses y se hizo impresionista; a los 14 se hizo cubista tras acercarse al trabajo de Picasso, sin embargo, el surrealismo se convirtió en “su religión”.

Salvador Dalí (Foto: Wikimedia Commons)

Después de vivir años de éxito y gloria en Europa, gracias a su obra pictórica y escultórica, Dalí se mudó a Nueva York. Buscaba expandir sus horizontes creativos más allá de un lienzo y comenzó a experimentar con la escultura, la manufactura de muebles y el diseño de joyería.

Algunas firmas, como Tiffany's, fueron un gran apoyo para él en esta nueva faceta, ya que fue en este punto cuando comenzó a comercializar su arte.

¿Joyas estilo Dalí?

Uno de sus proyectos más vistosos fue el de las joyas. En las décadas de los 40, 50 y 60, Salvador Dalí se dedicó a crear piezas pequeñas, esculturas que podían llevarse como accesorio sin ningún problema. Una de sus piezas míticas es el broche de labios de rubí y dientes de perla inspirado en Mae West, o el Ojo del Tiempo que creó para la firma Tiffany's.

También se volcó al diseño comercial de relojes blandos y botellas para perfume.

Pero no fueron solamente joyas… En 1972, junto a Oscar Tusquets, diseñó un sofá con la forma de los labios de la artista Mae West, el cual estaría en la sala del Museo de Figueres. Este sofá se convirtió en uno de los objetos más importantes en la historia del surrealismo por su excentricidad y belleza. Se hicieron 5 versiones, de las cuales, una fue adquirida por un coleccionista privado, por medio millón de dólares.

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El mundo de la moda

Tras un encuentro con Coco Chanel, se animó a diseñar piezas de moda, la mayoría, inspiradas en su musa, Gala. El máximo representante del surrealismo colaboró con la diseñadora Elsa Schiaparelli en la creación de algunos zapatos. Y fue justamente en 1937 cuando diseñó el icónico sombrero-zapato de color negro, el cual causó sensación cuando Gala lo lució por las calles de París.

Sombrero-zapato de Salvador Dalí. (Foto: Pinterest)

Colaboraciones magistrales en el cine

Además de Walt Disney, Salvador Dalí trabajó con Luis Buñuel en El Perro Andaluz y en La Edad de Oro, pero uno de los episodios más importantes en el séptimo arte, fue su colaboración con Alfred Hitchcock.

El cineasta deseaba trabajar a toda costa con Dalí, en la cinta Spellbound (1945), protagonizada por Gregory Peck e Ingrid Bergman, en la cual se trataban temas psicoanalíticos. El artista surrealista se encargó de la escenografía para una de las escenas oníricas, una secuencia que Hitchcock llegó a considerar demasiado larga, pero que hoy es prácticamente una joya. Aquí te dejamos el video...

Dalí y la poesía

Como era de esperarse, luego de su éxito en varios ámbitos de la cultura y las artes, no podía dejar de lado la escritura. Solamente hay dos obras de Salvador Dalí que, además de ser pictóricas, también tienen una versión literaria. Se trata de La Metamorfosis de Narciso y de El Gran Masturbador, del cual te dejamos un fragmento:

Todo el amor

y toda la embriaguez

del gran Masturbador

residía

en los crueles ornamentos de oro falso

que recubren sus sienes delicadas y blandas

e imitan

la forma de una corona imperial

cuyas finas hojas de acanto bronceado

se prolongan

hasta las mejillas rosadas e imberbes

y continúan sus fibras duras

hasta fundirlas

en el alabastro claro de su nuca.

Con información de Voz Populi, Archdaily.mx, Ismorbo y Trendencias

 

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