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¿Quién era Emiliano Zapata? El hombre detrás del mito revolucionario

A pesar de que las fotografías lo muestran siempre serio, este líder era alegre y disfrutaba del baile y las mujeres
Carolina Mejia | 10 de Abril de 2018 | 06:00
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Foto: Wikipedia

El impacto que Emiliano Zapata dejó en la historia mexicana es tan grande que con el paso de los años su figura se ha convertido en la de una leyenda gracias a la admiración de la gente, lo que hace difícil separar el mito del revolucionario de su verdadera identidad. Y aunque todos conocemos la versión oficial sobre su vida, detrás de esa mirada seria que aparece en las fotografías antiguas, había un hombre alegre que disfrutaba del baile y las mujeres.

Los rumores sobre Zapata empiezan desde su llegada al mundo en Anenecuilco, Morelos, en 1879. Se dice que el hijo de Gabriel Zapata y Cleofas Salazar tenía una marca de nacimiento en la espalda que sus padres tomaron como una señal de que su descendiente tendría un futuro excepcional. También se contaba que en su infancia, el caudillo veía llorar a su padre cuando los hacendados le quitaban la tierra al pueblo y eso marcó profundamente su propósito posterior en la vida.

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Los restos de la casa donde nació Zapata son ahora un museo. (Foto: Wikipedia)

No sabemos si estas anécdotas sucedieron o forman parte del mito que rodeó a Zapata toda su vida. Lo que sí quedó registrado fue que Emiliano perdió a sus padres cuando era adolescente, aunque las fechas de estos fallecimientos varían. Después de quedarse huérfano, sólo pudo estudiar hasta el sexto grado de primaria y se dedicó entonces a entrenar caballos y trabajar como peón en las haciendas.

Zapata se inició en la vida política a una edad temprana y para 1902, con apenas 23 años, ya era líder de la junta de campesinos de Cuautla, donde se metió de lleno a la lucha contra los hacendados por defender la tierra de los campesinos. Pocos años más tarde, en 1909, fue elegido jefe de la junta de defensa de Anenecuilco.

Desde joven, Zapata fue un rompecorazones y a lo largo de su vida tuvo nueve “esposas”. La primera fue Inés Alfaro Aguilar con la que procreó a Guadalupe, Nicolás, Juan, Ponciano, y María Elena. Esta campesina de nacimiento era dulce y resignada, por lo que decidió ignorar las múltiples infidelidades de su marido.

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Se conserva esta imagen de Zapata con su segunda esposa, el amor de su vida. (Foto: El Universal)

La segunda mujer de don Emiliano se llamó Josefa Espejo Sánchez y fue la única esposa “oficial” del caudillo. Era hija de una familia de ricos hacendados porfiristas y tuvo una infancia llena de lujos, hasta que se enamoró del líder revolucionario, para el horror de sus padres.

La Generala”, como fue conocida Josefa, intercambiaba cartas en secreto con Zapata y en 1911, los novios se casaron en San José de la Villa de Ayala con un banquete de frijoles y arroz. Juntos, la pareja tuvo como hijos a Felipe, quien murió a los tres años por una mordida de víbora y Josefa, quien murió por la picadura de un alacrán.

Pero pronto la carrera política de Zapata se descarriló, cuando en 1910 fue declarado forajido por tomar a la fuerza las tierras de Villa de Ayala, las cuales estaban protegidas por el jefe de policía local, para devolvérselas al pueblo.

En ese mismo año se unió al proyecto de Francisco I. Madero para derrocar a Porfirio Díaz. Gracias a su popularidad local, Zapata lideró un grupo armado que logró tomar Jojutla, Chiname y más tarde Cuernavaca. Aunque estaba bajo una alianza con Madero, Emiliano siempre mantuvo sus propios objetivos, centrados en una revolución agraria para favorecer a los más pobres.

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Emiliano posa junto a su hermano mayor, Eufemio (izquierda). (Foto: Wikipedia)

El grupo zapatista se identificaba con el lema “tierra y libertad”, pero esta frase, a menudo atribuida al líder revolucionario, tiene su verdadero origen en Ricardo Flores Magón, el periodista, escritor y político mexicano. Como la tierra era el principal interés de Zapata en la revolución, su decepción fue enorme al ver a Francisco I. Madero derrocar a Díaz, sólo para dejar en el olvido de nuevo a los campesinos.

Como consecuencia de la actitud del nuevo presidente, Zapata firmó el Plan Ayala el 25 de noviembre de 1911 en la ciudad de Ayala, Morelos. En este documento, el “Caudillo del Sur”, como se conocía a Emiliano, desconocía al presidente y se aliaba con Pancho Villa y Venustiano Carranza. En ese momento Zapata seguía siendo uno de los principales líderes de la revolución y en las comunidades del centro y sur del país se decía que “hasta los perros eran zapatistas”.

Zapata era consciente de que tenía una larga lista de enemigos en su contra. En agosto de 1911 el general Victoriano Huerta planeó una emboscada contra el líder agrario en la hacienda de Chinameca, pero éste se dio cuenta y evitó el atentado en su contra. Desde entonces, Zapata se volvió en extremo desconfiado e incluso, se decía que contaba con un doble de cuerpo que enviaba a representarlo a los eventos públicos para engañar a sus oponentes.

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De izquierda a derecha, Francisco Villa, Eulalio Gutiérrez y Emiliano Zapata comparten una comida en el Palacio Nacional en 1914. (Foto: Wikipedia)

Los planes de Zapata se complicaron en 1913, cuando Victoriano Huerta asesinó a Madero y se apoderó de la Presidencia. Acorralado, Emiliano Zapata se unió con otro de los grandes íconos de la revolución, Pancho Villa. La unión de estos dos poderosos movimientos logró que un ejército unido entrara victorioso a la Ciudad de México en 1914, el mismo año en el que Huerta fue derrotado y huyó del país.

La victoria duró poco, ya que casi inmediatamente después de la entrada a la Ciudad de México, Zapata y Carranza tienen fuertes desacuerdos que los llevan a romper su pacto. En el caos que reinaba en el país luego de la huida de Huerta, Carranza y el general Álvaro Obregón formaron una alianza para derrotar a Villa y Zapata.

Pese a las dificultades de los enfrentamientos armados, Zapata nunca dejó atrás su característico atuendo de arreos charros y anillos en las manos. También continuó disfrutando de sus pasiones, como lo eran las fiestas taurinas y los caballos finos. Esta imagen, además, le aseguraba los corazones de las jóvenes en cada localidad que visitaba.

Además de sus matrimonios oficiales, Zapata tuvo 16 hijos de distintos amoríos. Entre sus parejas confirmadas están Margarita Sáenz Ugalde, Petra Portillo Torres, María de Jesús Pérez Caballero, Georgina Piñeiro, Gregoria Zúñiga, Matilde Vázquez, y Luz Zúñiga, con quien no tuvo hijos.

En 1915 Obregón logró derrotar a Villa, quien se retiró a la vida privada. No obstante, la figura del “Centauro del Norte” tuvo un desenlace trágico, ya que Obregón seguía considerando a Villa una amenaza y en 1920, lo mandó matar, aunque esta es una versión extraoficial, ya que se considera como autor del asesinato al diputado de Durango, Jesús Salas Barraza.

Carranza aprovechó que Zapata se había quedado sin aliados y en 1916 envió a Pablo Gonzáles a terminar con el caudillo de una vez por todas. Hostigado por sus enemigos, Emiliano Zapata logró huir hasta el 10 de abril de 1919, cuando fue traicionado, emboscado y asesinado por el coronel Jesús Guajardo, uno de los oficiales de González que había fingido cambiar de bando.

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El cuerpo de Zapata fue exhibido ante el público, pero sus seguidores notaron algo extraño en el cadáver. (Foto: El Universal)

Sus enemigos creyeron que la muerte de Zapata terminaría con la amenaza de un levantamiento campesino, pero sólo hicieron el mito del caudillo mucho más poderoso. De hecho, cuando su cadáver fue exhibido en Cuautla, el público dudó que fuera auténtico.

Según los zapatistas, el cuerpo del fallecido tenía todos los dedos de las manos, mientras que al verdadero Zapata le faltaba un meñique que perdió en una charreada. Decían también que en el muerto estaba ausente aquella marca de nacimiento tan característica del revolucionario.

Y si no murió, ¿qué pasó con Zapata? Años después de la Revolución había aún campesinos que juraban haberlo visto disfrazado, como cualquier ciudadano común. Otros inventaron un cuento fantástico en el que Zapata se había escapado a Arabia, donde era tratado como rey.

Sin importar si estas descabelladas versiones son creíbles o no, lo cierto es que el “Caudillo del Sur” se convirtió en uno de los símbolos más poderosos de la Revolución y es recordado, hasta la fecha, por su defensa incansable de los campesinos mexicanos.

Con información de Historia Cultural (2), Centauro del NorteMitos MexicanosMexicanísimo Emiliano Zapata, entre la historia y el mito

 

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