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Científicos alemanes “hicieron magia” para salvas sus medallas Nobel de los nazis

Los físicos Max von Laue y James Franck disolvieron sus galardones, y después de la II Guerra Mundial fueron nuevamente acuñadas
Maricela Flores | 2 de Febrero de 2018 | 06:00
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Fotos: Wikimedia Commons

La historia de los Premios Nobel está llena de anécdotas, pero ninguna como la de los dos físicos alemanes que tuvieron que hacer malabares para salvar sus galardones de las manos de los nazis.

El alemán Max von Laue recibió el premio Nobel de Física en 1914, por su trabajo sobre la cristalografía de rayos X. Por su parte, James Franck recibió la misma condecoración en 1925, luego de que descubrió las leyes que gobiernan el impacto de un electrón en un átomo.

Max von Laue fue un científico que destacó por su oposición al nazismo, mientras que James Franck era judío, así que en el momento en el que Adolf Hitler llegó al poder, supieron de inmediato que debían poner a salvo sus medallas, pues serían perseguidos por el régimen.

James Franck (Foto: Wikimedia Commons)

Decidieron enviarlas a Niels Bohr, un físico danés que también había ganado el Nobel en 1922. Aunque él ya no tenía su propia medalla, porque la donó para una subasta que apoyaría a una organización de ayuda humanitaria, estuvo dispuesto a resguardar las de sus colegas. Poco después, estalló la II Guerra Mundial y los nazis invadieron Dinamarca, el 9 de abril de 1940.

Bohr huyó con su familia en septiembre de 1943. Se fue a Londres y de allí a Estados Unidos, donde se involucró en el desarrollo de las primeras bombas atómicas. Para ese entonces, las medallas de sus colegas se convertían en un problema para él.

Enterrar los galardones no era buena opción, y tratar de llevarlas al extranjero era muy peligroso porque los nazis no permitían sacar oro de los territorios ocupados. Niels Bohr le explicó el problema al químico húngaro George de Hevesy y ¡dieron con la solución!

(Foto: Wikipedia)

¿Qué fue lo que hicieron?

Resulta que el oro puede disolverse en agua regia, que es una mezcla de una parte de ácido nítrico y tres de ácido clorhídrico; por lo que decidieron sumergirlas en esa solución. Los recipientes con el extraño líquido que resultó tras haber fundido las medallas, permanecieron en los laboratorios del Instituto de Física Teórica de la Universidad de Copenhague durante toda la guerra. Los nazis visitaron en varias ocasiones estas instalaciones, pero nunca se dieron cuenta de nada.

Finalmente, De Hevesy acabó exiliado en Estocolmo y al terminar la guerra regresó a Dinamarca. Se encontró las medallas disueltas justo en el lugar donde las había dejado, así que decidió enviarlas a la Fundación Nobel y explicar lo que había sucedido.

Las medallas fueron acuñadas otra vez con los nombres de Max von Laue y James Franck, y entregadas a sus legítimos dueños. El primero se encontraba aún en Alemania y el otro había huido a los Estados Unidos.

Max von Laue (Foto: Wikimedia Commons)

Con información de El Español y Biografías y Vidas

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