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El último concierto de Soda Stereo: Música Ligera, lágrimas y Gracias Totales

Tras 15 años juntos, el trío salió del “Monumental” sin dirigirse la palabra, como desde hacia varios años
Estephanie Gutiérrez | 20 de Septiembre de 2017 | 07:00
soda stereo

Era el 20 de septiembre de 1997, Soda Stereo se presentó en el Estadio River Plate de Argentina, estaban presentes 60 mil personas. La noche de sentía especial, era la última parada de la gira de despedida. La noche en que Soda, la querida Soda nos dijo adiós.

El concierto comenzó con las palabras de Gustavo Cerati, el vocalista de la banda argentina, quien se dirigió a su público para decir “Llegó la hora, el minuto, el segundo, el instante. Supongo que tienen sed ¡Soda Stereo, Buenos Aires, Argentina!”. Así poco a poco fue sonando el primer acorde de “La ciudad de la furia”. Cerati habló de nuevo : ¿Están preparados para una noche larga?”.

Gustavo Cerati traía ese clásico traje de terciopelo café, una camisa blanca y el cabello húmero. Zeta Bosio estaba colocado a la derecha del escenario, una chamarra negra y una gorra del mismo color. Charly Alberti, al al fondo, su camisa blanca de manga corta y una corbata festiva. La vida les había cambiado durante los últimos 10 años y nadie sabía lo que deparaba el futuro.

Dos años antes de aquella noche, en 1995, Soda lanzó Sueño stereo. Habían pasado tres años desde su último disco, Dynamo. Era junio y el grupo tenía a Zoom en el primer lugar de las listas de popularidad. Tras muchas negociaciones, MTV había logrado que se presentaran en su Unplugged. Su música ya era un clásico de las melodías en América Latina, pero todos sabían que algo iba mal. Toneladas de ego, y muchos malos tratos.

De acuerdo con Zeta Bosio, en una entrevista concedida a El Clarín en 2012, los últimos años Alberti y el bajista se referían a Cerati como “El quía” una frase en tono de desprecio. De ser como hermanos, el ego, la prensa y sus personalidades los llevaron a dejarse de hablar, a solo relacionarse a través de otras personas. Prometieron que la música no se vería afectada, pero no fue así.

En 1997, Cerati no podía más, tras el Unplugged, hubo un largo silencio. El 1 de mayo, Soda Stereo mandó un comunicado de prensa, en el que anunciaban su separación. Zeta y Charly se enteraron por los medios y su líder lanzaba a la par, una carta para sus fanáticos.

“… Pero, últimamente, diferentes desentendimientos personales y musicales comenzaron a comprometer ese equilibrio. Ahí mismo se generan excusas para no enfrentarnos, excusas finalmente para un futuro grupal en que ya no creíamos como lo hacíamos en el pasado. Cortar por lo sano es, valga la redundancia, hacer valer nuestra salud mental por sobre todo y también el respeto hacia todos nuestros fans que nos siguieron por tanto tiempo. Un fuerte abrazo”.

Decidieron así hacer el último esfuerzo; se comprometieron para su gira final, que más tarde fue editada en el álbum “El último concierto”.

Aquella noche llegaba el final y todos los sabían. Hacía una noche templada, formaron parte del repertorio, Té para tres, Canción Animal, Signos, Trátame suavemente, Primavera O, Un millón de años luz y más.

Para los descansos, Charly Alberti recuerda que el show fue raro, primero estaban molestos, más tarde solo estaban cansados, sin bien nunca habían tenido una pelea, ya no se hablaban, no había más, así que al final de la noche, Gustavo, Charly y Zeta no tenían más que decirse.

La noche se acercaba a su final, Persiana Americana, Cae el Sol y De Música Ligera.

“Tengo una buena canción para cantar, eh”, Cerati inició los primeros acordes al compás solo de la voz de los fanáticos unidos en una sola e impresionante voz.

Todos sabían que no quedaba más. Al final de la canción, Cerati pronunció las palabras que marcarían una generación:

“No sólo no hubiéramos sido nada sin ustedes, sino con toda la gente que estuvo a nuestro alrededor desde el comienzo; algunos siguen hasta hoy. ¡Gracias totales!”

Los tres dieron una vuelta al escenario, fotos, prensa, fanáticos unidos en el Olé, Soda. La banda salió de ahí convertida en ícono.

A los pocos minutos, Gustavo, Charly y Zeta se metieron al camerino, ninguno habló, se dijeron adiós con la mirada y pasaron 10 años sin hablar hasta su breve reencuentro en 2007. 

Con información de Guioteca 

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