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La acróbata y contorsionista que se convirtió en la primera tatuadora de EU

Maud Wagner rompió todos los moldes y se atrevió a incursionar en un mundo que, hasta ese entonces, estaba dominado por los hombres
Maricela Flores | 9 de Abril de 2017 | 07:00

Hoy en día pareciera que los tatuajes están de moda, y que quien no luce uno, es un poco “anticuado”, pero realmente se necesita valor para decidirse a decorar la piel, y no solo por el dolor que éste causa, sino porque debes tener en cuenta que es un diseño que llevarás toda la vida.

Pero pocos son los que se ponen a pensar en los antecedentes de este tipo de arte. Y en el tema, hay el nombre de una mujer que sobresale: Maud Wagner. Su piel fue su mejor lienzo y el escaparate perfecto para el arte de la aguja y la tinta. Infinidad de tatuajes conformaron un tapiz en su cuerpo, algo poco común para su época. Y es que a inicios del siglo XX, este tipo de arte en las mujeres estaba vinculado a esas chicas de la mala vida, las convictas y las prostitutas.

Es por todo esto que su historia es sumamente especial, porque además de decorar su piel, se convirtió en la primera tatuadora profesional de Estados Unidos.

Maud Stevens Wagner nació en febrero de 1877 en Kansas, pero antes de descubrir la que sería su vocación, trabajaba como acróbata y contorsionista en los circos. A principios de 1900, cuando estaba en la Feria Mundial de San Luis, conoció a Gus Wagner, quien se llamaba a sí mismo: “el hombre más artísticamente marcado en América”, quien tenía 264 tatuajes en su cuerpo.

Él se destacaba por utilizar una técnica ancestral conocida como “stick and poke”, en la que no se usaba la máquina que hoy conocemos. Solamente ocupaba una aguja y un poco de tinta para crear imágenes alucinantes sobre la piel de sus clientes.

Cuando Gus conoció a Maud sintió una fuerte atracción y se ofreció a plasmar su arte en el cuerpo de la chica, esa fue su estrategia de seducción. Ella aceptó salir con él a cambio de que la tatuara y le enseñara a hacerlo. Ese fue el trato. Luego de varias lecciones y mucha convivencia, se casaron y tuvieron una hija, Lovetta, quien aprendió el arte de sus padres ¡a los 9 años de edad!

Luego de abandonar el circo, los Wagner comenzaron a trabajar por su cuenta en ferias y salas de juego, donde sorprendían a los espectadores con sus locas creaciones. La pareja se tatuaba mutuamente, y él le dibujó animales míticos, salvajes, plantas exóticas, mujeres indígenas e incluso, el nombre de ella.

Maud falleció el 30 de enero de 1961 a los 83 años de edad, en Lawton, Oklahoma, pero su legado va más allá de la tinta. Los diseños realizados en su cuerpo la dejan ver como una mujer fuerte que supo abrirse camino en un ámbito reservado a los hombres.

Con información de The Heroine Collective, Follow The Colours y Dolor Dulce Dolor

 

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