Top 10

 

Traudl Junge, la versión de la secretaria privada de Hitler

A pesar de la guerra, la joven viuda aseguró que Hitler nunca vio una ciudad destruida, pues viajaban con las persianas bajas, en trenes especiales; cuando llegaban a Berlín, el chofer debía buscar las cuadras que estuvieran lo menos dañadas posible
Estephanie Gutiérrez | 16 de Marzo de 2017 | 05:00

Traudl Junge fue la secretaria privada de Adolf Hitler desde finales de 1942 hasta el fin de la guerra. Durante casi 50 años no quiso que se conocieran sus memorias con el dictador, hasta que llegó al fin de su vida y quiso contar su historia a dos cineastas austriacos, a quienes les dio diez horas de material que dejaron plasmados en la cinta “Punto Ciego. La Secretaria de Hitler”.

Junge conocía a Hitler por su apariciones públicas, pero cuando se lo presentaron pudo darse cuenta de que era un hombre mayor, amistoso, agradable, con voz baja y una sonrisa discreta. El líder nazi le dijo que no tuviera miedo, que seguramente no cometería tantos errores como él y comenzó a dictarle. Su primer encuentro fue más o menos así.

Él le preguntó si quería unirse al equipo de trabajo,“A veces tengo problemas cuando tomo secretarias jóvenes y bonitas, porque se me casan”. La secretaria le dijo “Mi Führer, ya viví 22 años sin un hombre. Para mí eso no es problema”. Se rió a carcajadas.

Entre los secretos que reveló aseguró que Hitler era un hombre muy saludable, no tenía vicios, y sólo sufría de indigestión y gases, pero pudo notar que no quería que nadie lo tocara, que se sentía avergonzado por no hacer ejercicio y era un hombre muy limpio, que gustaba mucho de hablar de cosas íntimas.

Hitler tenía varias secretarias y estas le contaron a Junge que antes de su llegada, el dictador solía dar monólogos sobre las condiciones del estado, pero todo cesó luego de Stalingrado.

"Nosotras nunca lo vimos como un estadista, no asistíamos a ninguna conferencia. Sólo nos convocaban cuando él quería que tomáramos un dictado, y era entonces tan considerado, como lo era en privado. Nuestras oficinas, en la Cancillería y en los búnkeres, estaban muy alejadas de los cuarteles de comando y por eso nunca vimos, ni oímos, ninguno de sus arrebatos de furia, de los cuales habíamos oído rumores."

A comienzos de 1945, cuando la guerra estaba en apogeo, Hitler le pidió a su equipo de oficina que dejaran a Berlín, antes que llegaran los soviéticos. En su libro, Ian Kershaw escribe, "Los únicos empleados que rehusaron dejar el búnker fueron Gerda Christian, Traudl Junge y la dietista Constance Manziarly." Cuando Hitler supo que se quedaban, junto a Eva (su mujer) dijo que habría deseado la misma valentía para algunos de sus generales.

“Hoy todo suena tan anecdótico, tan banal. Esas facetas de su persona no tienen ya importancia. Para mí fue muy importante compartir con él esos rasgos humanos, pero hoy, al describirlos tan en detalle, casi me avergüenzo.” dijo Junge en el documental.

La ex secretaria afirmaba que Hitler jamás mencionó frente a ellas la palabra “judío” y la única vez que lo vio hablar del tema, por ejemplo de los campos de concentración fue en una cena “El único recuerdo que tengo es que una noche la mujer de Schirach le habló de la situación horrible de los judíos en Ámsterdam. Él le dijo que eso era sensiblería y que no se metiera en cosas que no entendía. Se levantó y dejó la sala. A la señora Schirach no la invitaron nunca más.”

Cuando se quedaron en el búnker, sabiendo que iban a perder la guerra, Hitler siempre hablaba de cómo podrían todos quitarse la vida, a lo que Junge preguntaba por qué no intentaba salir, el líder contestaba“'Soy demasiado débil para luchar al frente de mis tropas, y ninguno de mis hombres de confianza va a matarme si se lo pido, así que tengo que hacerlo yo mismo'. Recibió pastillas venenosas de Himmler, y nosotros le rogamos que nos diera a nosotros también. Él nos las dio, diciendo: 'Hubiera preferido regalarles algo más lindo para la despedida'.”

El 28 de abril Hitler se casó con Eva Braun. Después de la ceremonia le pidió a su secretaria que lo acompañara: quería dictarle algo.“Se apoyó sobre la mesa con las manos cruzadas y dijo: 'Mi testamento político'. Y yo pensé: ahora me voy a enterar de la verdad, ahora va a disculparse y explicarlo todo. Pero cuando empezó a hablar eran las viejas frases: los judíos tienen la culpa, la lucha era necesaria para evitar lo peor...”

Traudl Junge pudo escapar y se enfrentó a los juicios de Nuremberg, pensando aún que era muy joven para saber lo que hacía; trabajó como secretaria, periodista y consejera para la película “El último acto” (Pabst, 1955), que describe los últimos días de Hitler en el búnker.

Murió de cáncer el 10 de febrero de 2002, algunas horas después del estreno de “Punto ciego”, que triunfó en la Berlinale de ese año. En el cartel que cierra la película se lee que, poco antes de morir, Junge dijo: “Creo que empiezo ahora a perdonarme”.

“A veces pienso que si tuviera la posibilidad de encontrarme a Hitler de nuevo, en este o en otro mundo, le preguntaría qué habría hecho si hubiera descubierto sangre judía en su propio árbol familiar. Si se habría gaseado a sí mismo.”

Con información de Página 12 Exordio

Tienes que ver esto