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Lisa Gherardini: La mujer detrás de la Mona Lisa

La tumba de la mujer detrás de La Gioconda fue hallada el 18 de enero de 2007 en el Convento de Santa Úrsula, en Florencia, Italia
Maricela Flores | 18 de Enero de 2017 | 05:00

En un espacio muy especial del Museo de Louvre, en París, se encuentra el famoso cuadro de la Mona Lisa, esa mujer con la “sonrisa misteriosa” que aguanta el paso del tiempo a pesar de la afluencia diaria de turistas que buscan descifrar alguno de los enigmas que guarda en el lienzo.

La obra, también conocida como La Gioconda, fue pintada por Leonardo da Vinci, entre 1503 y 1506. Se trata de una mujer misteriosa cuya identidad estuvo escondida durante siglos. Sin embargo, una simple nota en uno de los manuscritos del pintor italiano develó uno de los mayores secretos de la historia: la musa era Lisa Gherardini, una noble florentina que posó para el maestro, convirtiéndose así en una de las mujeres más famosas del mundo.

Leonardo da Vinci

Una noble florentina

Lisa nació en Florecia el 15 de junio de 1479, en una familia noble. Era la mayor de 7 hermanos y sus padres fueron Antonio Maria di Noldo Gherardini y Lucrecia del Caccia.

Cuando apenas tenía 15 años de edad, se casó con un mercader de tejidos de nombre Francesco di Bartolomeo del Giocondo. En ese entonces, la mayoría de los matrimonios se realizaban por intereses económicos, sin embargo, ante la escasa dote que el padre de Lisa otorgó para el enlace, cabe la posibilidad de que la pareja estuviera enamorada.

Francesco y Lisa se fueron a vivir a una casa en la Via della Stufa, ahí mismo, en Florencia, donde iniciaron su vida como matrimonio. Tuvieron cinco hijos a los que Lisa crió junto a Bartolomeo, hijo del anterior matrimonio de su esposo.

No tenían preocupaciones económicas, gracias a los negocios de Francesco, y a sus ascensos dentro del Gobierno de la ciudad. En 1503, él quiso plasmar la belleza de su esposa en un cuadro, y aprovecho que Da Vinci se encontraba de nuevo en la ciudad. Francesco murió entre los años 1538 y 1539, dejándole a su mujer una herencia suficiente para vivir holgadamente hasta su muerte.

En los últimos años de su vida, Lisa decidió trasladarse al Convento de Santa Úrsula junto a su hija menor, quien se hizo cargo de ella hasta su muerte, el 15 de julio de 1542, a los 63 años de edad.

El 8 de enero de 2007, fue confirmada la existencia histórica de esta mujer, ya que gracias a una investigación encabezada por el experto Giuseppe Pallanti, quien encontró su “registro de muertos” en dicho convento, el cual se encuentra en ruinas. Las excavaciones iniciaron en 2011 y en 2014 se pudieron recoger muestras de ADN de la que fuera musa de Da Vinci.

Excavaciones en la tumba de Gherardini

Un rostro que hizo historia

Gherardini no tuvo una vida turbulenta, ni trágica, ni escandalosa; fue una de las tantas damas de clase media que había en ese tiempo, pero su rostro rompió las barreras del tiempo por ser la modelo de uno de los cuadros más famosos en la historia del arte.

Durante siglos, este retrato provocó decenas de debates sobre quién era esa misteriosa mujer. En el 2005, el descubrimiento de una breve nota al margen de un libro, confirmó lo que algunos ya sospechaban: la Mona Lisa era Lisa Gherardini.

El libro se encontraba en la biblioteca de la Universidad de Heidelberg, y la nota, que era de Agostino Vespucci, decía: “Leonardo se encuentra trabajando en tres obras pictóricas, incluyendo el retrato de Lisa Gherardini”.

La Pintura

Se dice que Leonardo da Vinci nunca consideró su obra terminada, por lo que se negó a entregarla al cliente, aunque en su época reconoció que tenía una gran predilección por ese retrato. De hecho, lo llevaba consigo en sus viajes, y a menudo pasaba largas horas observándolo en busca de inspiración.

El pintor se llevó el cuadro a Francia en 1516, cuando fue llamado por el rey Francisco I. La Gioconda formó parte de las colecciones reales y fue exhibida en el castillo de Versalles durante el reinado de Luis XIV. Llegó al Louvre en 1797.

Sin embargo, a pesar de todas las precauciones tomadas, con el paso del tiempo, el color de la obra ha sufrido transformaciones, ya que los tonos rojos se han desvanecido parcialmente y toda la pintura ha adquirido un tono verdoso. Aún así, conserva una belleza peculiar.

Leonardo utilizó una técnica llamada “sfumato”, en la que los suaves colores y contornos se funden en una sombra indecisa. Además, tiene “efectos ópticos” por la ubicación de los ojos de la joven y su sonrisa discreta. Hay quienes dicen que se sienten que son observados por ella, cualquiera que sea la posición desde que la miren.

Actualmente el rostro de esta mujer es uno de los más famosos y visitados en el mundo.

La Mona Lisa en el museo de Louvre

Con información de El UniversalABC, Biografías y Vidas, Mujeres en la Historia y Paris City Vision

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