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Kirstie Alley, tal vez la recuerden por “Mira quién habla”

La fama y los excesos nunca han sido una buena combinación, pero la actriz logró revertir los efectos de sus malas decisiones
Maricela Flores | 12 de Enero de 2017 | 04:00

Esta mujer de ojos verdes fue la guapa protagonista de series como Norte y Sur (1985) y Cheers (1982), pero algo le pasó y los rumores en torno a su profesionalismo y carácter comenzaron a aparecer. Se supo que era adicta a la cocaína y además, engordó, algo que es casi como un pecado en la industria cinematográfica.

Kristen Louise Deal nació el 12 de enero de 1951 en Wichita Kansas, Estados Unidos, lugar en el que fue criada. Su madre, Lillian Mickie, era ama de casa, mientras que su padre Robert Deal Alley, era dueño de una compañía de madera. Tiene dos hermanos: Craig y Colette.

Cuando estaba en secundaria era animadora, y en esa época se enamoró de su primo lejano, Bob Alley. Se casaron cuando ella tenía 19 años y, como se esperaban, se divorciaron poco tiempo después.

Durante un tiempo trabajó como socorrista y como decoradora de interiores; en esa época, a principios de los 80, sufrió uno de los episodios más trágicos de su vida, perdió a su madre en un accidente de tráfico provocado por un conductor borracho. Su padre resultó gravemente herido.

Hizo su debut en la segunda parte del clásico de ciencia ficción Star Trek 2: La ira de Khan (1982), y después trabajó en Mira quién habla (1989), y Mira quién habla también (1990) y Mira quién habla ahora (1993), una trilogía que seguro todos recordamos.

Sin embargo, se hizo muy popular tras su aparición en la serie Norte y Sur, y por encarnar a Rebeca Howe en la teleserie Cheers, ganando distintos galardones, como el premio Emmy por Mejor actriz en una serie de comedia y el Globo de Oro a Mejor actriz de serie de televisión, comedia o musical. Alley confesó que cuando se quedó con el papel, debido a los nervios no comía nada y fumaba demasiado.

Pero Kirstie no supo digerir la fama. Fue víctima de un trastorno alimenticio y su descuido corporal fue portada de revista en innumerables ocasiones. Reveló que durante la mayor parte de su vida se la pasó comiendo de manera compulsiva sin aumentar de peso, pero que su cuerpo cambió drásticamente después de una menopausia prematura, en 1992.

Alley también declaró que a finales de los 70 recurrió a la cocaína para frenar su tendencia al sobrepeso, pero cuando la situación se hizo insostenible, fue a través del Narconon, un programa farmacológico de la Iglesia de la Cienciología, como puso fin a su dependencia. Desde entonces, apoya a dicha organización, a la que ha entregado varios millones de dólares.

Dura batalla contra el sobrepeso

En 2004, la actriz llegó a su límite al alcanzar un peso de 110 kilos. En ese momento decidió tomar cartas en el asunto y, de paso, ganar algo de dinero. Durante dos años protagonizó la serie Fat Actress (2005) donde se sometió a una dieta estricta, en la que logró perder 20 kilos. Pero el gusto le duró poco, en 2007 volvió a engordar y la famosa Jenny Craig, creadora de un exitoso programa de adelgazamiento en Estados Unidos, la contrató como imagen de su negocio.

Alley dejó de fumar, iba al gimnasio y mantuvo una dieta sana, por lo que llegó al perfecto peso de 73 kilos. Ella estaba feliz de recuperar su figura, por lo que abandonó a Craig e intentó mantener su silueta por sí misma, ¡gran error!

En 2010, y con un peso de 104 kilos, se metió a otro reality: Kirstie Alley’s Big Life. Es esta especie de documental, la actriz narró el duro camino que tuvo que atravesar para volver a sentirse sexy, donde sus dos hijos aparecían dándole todo su apoyo.

Después, la actriz afirmó que había perdido 45 kilos gracias a los productos de Organic Liaison, una empresa fundada por ella misma, pero al poco tiempo se enfrentó a una demanda colectiva por publicidad engañosa. La acusación aseguraba que su pérdida de peso se debió al resultado del ejercicio, en parte, por su participación en el programa Dancing With the Stars.

El amor no era lo suyo

Después del fracaso de su primer matrimonio, en 1983 se casó con su segundo marido, el actor Parker Stevenson. Durante su matrimonio, intentaron tener un hijo, pero no tuvieron éxito. Tras un aborto sufrido en 1990, decidieron adoptar a dos niños: William True (1992) y Lillie Price (1994). El 1997 se divorciaron y decidieron compartir la custodia de los menores.

Y como dicen que un clavo saca otro clavo, la actriz comenzó un romance con James Wilder, actor de Melrose Place, con quien estuvo 2 años. Llegaron a estar comprometidos, pero rompieron en 1999 y desde entonces, ella no ha vuelto a tener una pareja estable.

Sin embargo, la actriz nunca tuvo problema en confesar que su verdadero y gran amor siempre ha sido John Travolta. Indicó que estaba tan enamorada, que le costó mucho contener el impulso de mandar todo al diablo por él. Sin embargo, para su desgracia, este galán ya estaba felizmente casado con Kelly Preston, por lo que tuvo que conformarse con su amistad.

¿Y ahora qué hace?

El año pasado su hijo William la convirtió en abuela, con el nacimiento del pequeño Waylon Tripp Parker. Además, dedica gran parte de su tiempo a sus mascotas, ya que tiene más de 10, entre ellas, dos lemures.

En el ámbito profesional, si bien nunca ha desaparecido completamente del medio del espectáculo, sus roles han sido de muy bajo perfil. Su trabajo más reciente fue en la serie de Netflix llamada Flaked (2016).

Una historia bastante dura ¿no crees? Abajo te dejamos una galería para que veas su cambio, paso a paso.

Con información de El Universal, El Periódico, 20 minutos y Revista Mia

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