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La maldición de Rasputín que acabó con el imperio más poderoso de Rusia

Adivinador, hechicero, curandero e inmortal, maldijo la casa imperial y acabó con uno de los reinados más influyentes del mundo
Estephanie Gutiérrez | 29 de Diciembre de 2016 | 04:00

Nikolái Aleksandrovich Románov era el hombre más poderoso del mundo, tenía más de 170 millones de súbditos, pero era un hombre tímido y fácil de influenciar, un hombre que siempre quiso dedicarse a sembrar vegetales, pero tuvo que cargar con el peso de la monarquía y con la maldición que acabó con su imperio, Grigori Yefímovich Rasputín.

Rasputín es un nombre de misterio, es bien conocido por los “milagros” que obraba, pero fue su cercana conexión con la dinastía Románov lo que habría significado el fin de la misma, de la trágica forma en que ocurrió.

La relación del “Monje Loco” con la familia imperial rusa comenzó cuando él fue presentado con la zarina, Alejandra Fiódorovna, que ya conocía la fama de sanador que tenía el hombre. La mujer pensaba que él sería la única esperanza de curación para su pequeño, Alexis Nikolaiévich, el heredero al trono ruso y quien padecía una terrible enfermedad que no era curable y de la que se sabía muy poco, la hemofilia. Rasputín, de una forma extraña, hizo mejorar al chico, cada vez que estaba presente representaba un alivio para el muchacho, situación que lo acercó con la zarina, que lo convirtió en su hombre de confianza.

La familia estaba compuesta por los zares, Nicolás y Alejandra, y las Grandes Duquesas Olga, Tatiana, María, Anastasia y, al final, el tan anhelado heredero, el Zarévich Alexei o Alexis.

Para ese momento, Rasputín ya era el hombre de confianza de la corte entera, su influencia se manifestaba en cada intervención que tenía por medio de Alejandra con el zar Nicolás II, pero no sólo decidía en los términos de política y economía, sino que los rumores sobre sus constantes orgías y conductas inmorales crecía a la par.

Al comienzo de la Primera Guerra Mundial, el zar Nicolás II se puso al frente del ejército ruso, lo que facilitó que Rasputín tomara su lugar en la corte, no había ley u opinión que no pasara antes por manos del consejero. Su poder era brutal lo mismo que la influencia que tenía sobre Alejandra, con quien se cree sostenía un romance tormentoso. El pueblo lo odiaba, sabían de sus hazañas y repudiaban la forma de vida que se daba cuando la mayoría de los habitantes estaban muriendo de hambre.

Ante la ausencia de Nicolás, fue el príncipe Félix Yusúpo, primo del Zar, quien reunió al primer círculo de la corte para acabar con el poder del “Monje Loco”, con la colaboración de Dimitri Pavlovitch y el Gran Duque Dimitri Pavlovitch Románov, quienes pensaron en que la forma más fácil de acabar con el hombre sería envenenándolo, le dieron pasteles y bebidas con arsénico y él los comió, pero no mostró ningún síntoma, al ver que esto no había resultado, le dispararon, pero Rasputín seguía vivo.

Era el 29 de diciembre de 1916 y el grupo comandado por el Yusúpov debía acabar con Rasputín a como diera lugar, así que decidieron lanzarlo al rio Neva, al día siguiente, Rasputín fue encontrado muerto, pero la vejación continuó y fue castrado para exhibir su miembro, que hoy está en el museo Erótico de San Petesburgo.

Las versiones sobre su muerte no son claras, pero se sabe que cuando fue cremado, los guardias vieron a Rasputín levantarse mientras era quemado.

Meses antes de morir y como supuesto clarividente que era, Rasputín le mandó una carta a Nicolás II, en la cual se podía leer la maldición que acabó con los Romanov.

"Siento que moriré antes del primero de Enero... Si soy asesinado por plebeyos, y especialmente por mis hermanos los campesinos rusos, nada tendrás que temer... tu trono se asentará por cientos de años y tu hijo será Emperador y Zar. Pero si soy asesinado por nobles, mí sangre permanecerá en sus manos por veinticinco años. Tendrán que abandonar Rusia, los hermanos se enfrentarán a los hermanos, el odio dividirá las familias y el país se quedará sin nobleza o Imperio…"

Un año después de su muerte, en 1917, tras 24 meses de derrotas militares, se desató en Rusia, varias huelgas de obreros, motines militares y manifestaciones públicas que dieron lugar a la Revolución de Octubre.

El 15 de marzo, Nicolás II debió abdicar para salvar a la monarquía, sería el duque Miguel quien tendría ahora el mando, pero su reinado no duró más de 24 horas cuando dio el gobierno al Provisional Revolucionario.

La familia Romanov quedó exiliada en el Palacio de Tsakoye Selo, cerca de Petrogrado, pero el presidente del Gobierno Provisional, Alexander Kerensky, quería mandarlos a otro país, pues temía que los contrarrevolucionarios lo asesinaran, había sido aceptado en Inglaterra por el rey Jorge V, pero a último momento cambió de opinión y la familia tuvo que ser enviada a Siberia.

El 17 de julio de 1917, toda la familia, junto a sus empleados fueron fusilados en la casa Ipátiev, los remataron con bayonetas. Su tumba fue encontrada en 1979, pero fue hasta 1989 que se dio noticia del hallazgo, los únicos cuerpos que no habían sido descubiertos eran el de Anastasia y Alexis, los favoritos de Rasputín, cadáveres que aparecieron hasta 2007.

Con información de Forbes y Rusia Beyond 

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