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Hernán Cortés, el hombre antes y después de La Conquista

Un español de origen humilde que murió en la pobreza, cuyos restos descansan en una cripta cercana al Metro Pino Suárez
Maricela Flores | 2 de Diciembre de 2016 | 06:30

Corría el año de 1521, y Hernán Cortés, al mando de un pequeño grupo de españoles y una coalición de pueblos indígenas, conquistó a la gran ciudad de Tenochtitlán, y así puso fin al poderoso Imperio Azteca.

Así es, cuando escuchamos su nombre, inmediatamente lo relacionamos con dos momentos históricos, con La Conquista o con el Árbol de la Noche Triste. Pero ¿sabes quién era Hernán Cortés antes de que su nombre quedara escrito en la historia de México?

Él tuvo un origen humilde. Nació en 1485 en la ciudad española de Medellín. Sus padres eran dueños de un molino de trigo, un colmenar y una viña, ese era todo su patrimonio. Cuando tenía 14 años, lo enviaron a estudiar a la Universidad de Salamanca. Francisco Núñez de Valera, quien enseñaba latín, le dio alojamiento en su casa.

Cortés, el “rebelde”

Sus padres tenían en sueño de verlo convertido en un licenciado, pero él no quiso darles gusto y abandonó sus estudios para probar suerte en las Indias, a donde se embarcó en 1504. Llegó a la isla de La Española, donde vivió en la pobreza y lleno de deudas.

Era un gran conocedor del mundo indígena y estaba muy bien enterado de las trifulcas habituales entre los españoles de Indias, por lo que ayudó en gran medida a la pacificación de algunas zonas. En agradecimiento, el Gobernador Ovando le otorgó algunos indios de encomienda y lo nombró escribano del ayuntamiento de Azua, lo que hoy vendría siendo como una especie de notario.

Para 1511, Cortés participó en la conquista de Cuba donde vivía “haciéndose amigo de las armas”. Ahí se desempeñó como secretario del Gobernador de la isla, Diego Velázquez, quien posteriormente lo envió a ayudar a Juan de Grijalva, que se encontraba en las costas de Yucatán, para explorar y poblar tierras nuevas.

La expedición y Conquista

Así fue como Hernán Cortés, de 34 años de edad, se hizo a la mar con 6 embarcaciones, pero desobedeció las órdenes del Gobernador y convirtió lo que debía ser una misión exploratoria, en una conquista de proporciones legendarias. En franca rebeldía, avanzó hacia el puerto de Carenas, una ciudad de La Habana, y reclutó a más gente; además se hizo de caballos y cañones.

Todo lo embarcó en 11 naves al mando de Antón de Alaminos y la expedición zarpó de La Habana el 10 de febrero de 1519 e hizo su primera escala en la isla de Cozumel.

El 4 de marzo reanudaron la navegación y al llegar a lo que hoy es Tabasco, tuvieron sus primeros choques con los indígenas. Para el 25 de marzo fundaron la Villa de Santa María de la Victoria. En señal de sumisión, varios caciques le entregaron regalos, entre los cuales había 20 mujeres, una de ellas: Malintzin o doña Marina, una intérprete que se convertiría en su primer amor indígena.

Tras varias batallas, Cortés entró a Tenochtitlán el 8 de noviembre de 1519, y la historia que sigue ya es bien conocida por todos: la capital del reino de Moctezuma fue conquistada a sangre y fuego. Luego de 75 días de sitio cayó el 13 de agosto de 1521 y el conquistador fue nombrado gobernador y capitán general de la Nueva España.

El olvido del conquistador

Cortés regresó a España en 1528. Recibió los honores del emperador Carlos V, pero no el poder total sobre la naciente Nueva España. Ahí empezó su declive. Fue procesado por la muerte de su primera mujer doña Catalina Xuárez.

Para 1536 se aventuró en una nueva expedición a las Californias, donde descubre el mar que hoy lleva su nombre. A su regreso a España, a los 55 años de edad, se entera que no puede regresar más a la Nueva España hasta que se resuelvan sus problemas de residencia.

Regresaron sus problemas económicos y se refugió en casa de un amigo en Castilleja de la Cuesta, donde murió el 2 de diciembre de 1547, enfermo y abatido por disentería. Aunque Cortés no volvió a ver las tierras que conquistó, sus restos sí volvieron a México en 1566. Tras varios años de ser cambiado de sitio de reposo, en julio de 1947 por fin encontró descanso en una discreta cripta en la Iglesia de Jesús, muy cerca de la estación del Metro Pino Suárez, en la Ciudad de México.

Con información de México Desconocido y National Geographic

 

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