Parejas

 

Gaslighting, una táctica de abuso emocional para volverte loco

Un abusador te hace sentir que tú eres el monstruo, que lo estás tratando mal y que necesitas cambiar si quieres que siga contigo
Estephanie Gutiérrez | 28 de Marzo de 2016 | 08:00

Una técnica sutil, poderosa y casi inexistente. La dominación de la pareja en un espiral agresivo, pero que nadie nota. La usan aquellos que más cerca están de ti y seguro no te das cuenta de ello. Te harán creer que estás loca/o, que todo es producto de tu imaginación y si se ven descubiertos harán parecer que todo fue una elección tuya.

Se llama Gaslighting, algo que se traduciría como hacer luz de gas y es una tácita de abuso emocional que es muy difícil de descifrar aunque sabes que está ahí.

El término proviene de una cinta de Ingrid Bergman y Charles Boyer, dirigida por George Cukor en 1944, en la cual nos muestra a un hombre que juega con la luz de las habitaciones de la casa que habita con su esposa, a fin de que ésta crea que está volviéndose loca. Y es justo así lo que se siente el Gaslighting, un mundo en el que existe la sombra o la luz a partir de lo que dice o hace tu pareja.

De acuerdo con información de PlayGroundtiende a que el que lo genera crea dudas sobre los sentidos del abusado, sobre su razonamiento y sus actos. La idea es que poco a poco se empiece a dudar de uno, lo que raya en el punto de la tortura psicológica a fin de que la pareja cambie un punto de vista, una opinión o cese en sus intentos con pequeñas advertencias.

Suena burdo, pero es mucho más efectivo de lo que pensarías, pues las emociones son las que entran en juego, así que lo improbable se vuelve probable:

El gaslighting es un complejo mecanismo de proyección e introyección de los conflictos psíquicos en el que intervienen dos personas:

Manipulador: Por una parte, hallamos a la persona manipuladora, que proyecta sus conflictos sobre su víctima, para mantener intacta su propia identidad y sentir que tiene el control.

Víctima: Por otra parte, hallamos a la víctima, que normalmente es una persona que tiene una relación afectiva con el manipulador y que acepta como propios los conflictos de este.

La víctima no confía en sus propios juicios, idealiza al manipulador y asume su sentido de la realidad. Normalmente se trata de una persona insegura, que necesita la aprobación externa. Aunque en algunos casos, cuando el gaslighting se extiende a lo largo de los años, la seguridad y autoconfianza de una persona pueden comenzar a tambalearse, de forma que esta llega a aceptar la realidad que le impone el otro, sobre todo si confía en esa persona.

Hay tres fases en el gaslighting, la primera en la que la víctima se resiste a que alguien intente imponerle otra realidad, pueden discutir por horas hasta que te sientes ridículo y das el brazo a torcer. En la fase dos comienzas a considerar el cambio de punto de vista, ya no se trata de ganar la discusión, sino demostrar que no eres mala persona, que eres valioso. En la fase tres, dudas de tu comportamiento y crees que puede haber algo malo en ti, ya no te crees valioso, sino que él es quien decide por ti.

El gaslighting no es lo mismo que la manipulación, es parte de ella, pero la diferencia es que la manipulación quiere influencia el comportamiento de una persona, mientras que el gaslightting quiere logra un cambio profundo de la persona, no solo su comportamiento.

Un gaslighter no tiene razón sobre ti, tú sabes la realidad y debes confrontarlo y terminar con esa relación, aunque también hay que decir que si el otro no sabe qué está haciendo, ambos tendrían que buscar ayuda.

El gasligthting no es un comportamiento exclusivo de una pareja, puede existir en la familia, en el trabajo y otros grupos sociales, así lo menciona Every Day Feminism.

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