Saraí Rangel
“Entonces, por fin logré ver mi reflejo sobre la agrietada muralla; el pasaje de los pensamientos se reveló ante mí y casi me permitió tocarlo. La inmundicia que tenía dentro fue lavada con las lágrimas del alma que clamaba ansiosa le permitiese cuidarme... más ingrato yo como siempre le aparte, le hice ver mi sufrimiento y evité me confortase. Sabía que eso la destruiría, pero no me importó. Deseaba verme humillado, sacar fuera a mi bestia interna, dejarla escapar para que devorara a sus anchas la felicidad humana. Cómo podría permitirle al verdadero yo se escondiese de la forma más vulgar, aun cuando es el único capaz de liberarme del yugo del hombre, aniquilar y terminar con el pesar, con el amor y con el odio, cálidos sentimientos que insultan, que envilecen, a ti mi querido yo oculto, que invocas a la estirpe de la sangre fría.”
     
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