Y así fue.
Mi cumpleaños se acercaba, faltaban 26 días y el mejor regalo para empezar junio fue asistir al concierto de Gustavo Cerati, a la primera fecha de la gira Ahí vamos en el Auditorio Nacional.
Yo siempre he creído que el último disco que lanzó Cerati fue una señal disfrazada para
que Soda Stereo regresara a los escenarios, pero eso tampoco me importaba, yo quería disfrutar a mi ídolo de nueva cuenta, lo había visto desde que vino como solista a la Ciudad de México y ésta no sería la excepción.
Fue así como el primero de junio, después de ir con mi amigo Pablo al concierto del maestro y disfrutar éxitos como “Engaña”, “Paseo Inmoral”, “Puente”, “Siempre es hoy”, “Vivo”, “Lago en el Cielo”, “Me quedo aquí”, “Médium”, “Adiós” ( escrita por su hijo Benito Cerati), “Crimen”,”Dios nos libre”, entre otros éxitos, me dispuse ir a mi casa, al norte de la ciudad de México.
Exactamente a los 10 minutos de haber salido del coloso de Reforma, recibí una llamada. Era mi papá diciéndome que me invitaba a comer a un restaurante, cerca del Auditorio, y como es argentino, pues acepté.
Los dueños del restaurante son grandes amigos de mi papá así que además de haber cenado muy bien, la platica estuvo sumamente interesante. Tenía que ir a la escuela al día siguiente y me empecé a despedir de todos. Me paré y se sentó uno de los argentinos, me dijo que las sorpresas no terminaban ahí. Entonces supuse que mi mejor amigo (que es porteño) vendría a verme, así que lo que primero que vino a mi mente era que Hugo estaba en México.
Después de haber tenido los ojos vendados por más de 15 minutos, escuché a lo lejos una voz muy familiar y podía apostar que era Hugo. La sorpresa de mi vida, que casi me provoca diabetes, era ni más ni menos que el “mesías” argentino, el gurú del rock en español, quitándome esa venda que me impedía ver su sonrisa.
Lo único que pude hacer, después de verlo dos veces de reojo, fue decirle a uno de los meseros que me pellizcara, que no era cierto y que necesitaba un buen moretón en mi brazo para creerlo. Después del moretón del color del betabel y decir ‘no es cierto’ como loca, se sentó y me dijo: ‘Boluda, soy yo’.
Después de una plática de más de 45 minutos, en los cuales no dejé de declararle mi amor, admiración, haber tomado hierba mate y demás, le dije que me haría más feliz si me tomara una foto con él; con un movimiento de cabeza de lado a lado, me dijo que no.
Lo que sí fue maravilloso es que me firmó mi disco favorito, el Bocanada, y dedicado, además.