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Entre cambios climáticos, basureros llenos y escasos recursos
naturales, a la hora de comprar no nos podemos dar el lujo de dejar de
pensar en el efecto que provoca en todo el ciclo, desde la fabricación
del producto hasta su desecho. Redirigir nuestros hábitos de compras
logrará beneficiar al planeta, cada vez más afectado por nuestras
acciones irresponsables.
El consumo responsable hace alusión a comprar diferente y de manera
eficiente, esto quiere decir que a la hora de adquirir algún producto
pensemos en el equilibrio entre las necesidades sociales y el uso de
los recursos naturales. Hoy la población mundial es de poco más de 6
mil millones de personas y, según estimaciones, se cree que para 2050
será el doble; por ende, el aumento de población y el constante
crecimiento de desperdicios provocarán un desnivel en recursos
naturales, de producción alimentaria, entre otros de los que ya estamos
siendo víctimas.
Sin embargo, el consumo responsable va más allá de la
responsabilidad ecológica, significa tocar aspectos éticos que
promuevan nuevos valores, calidad de vida, respeto por la flora y
fauna, comercio justo e igualdad social.
El principio es aprender a equilibrar lo que realmente
necesitamos de lo que no es tan necesario. El dato que ofrece el
Programa de la Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) resalta:
20% de la gente más rica del mundo consume casi 75% de los recursos
naturales del planeta. Asombrosamente, la fortuna de las 225 personas
más adineradas del mundo es igual al ingreso anual del 47% de la
población mundial, es decir, cerca de 3 mil millones de personas.
En lo anterior es donde se encuentra la clave del creciente
problema alimentario mundial, y no es que el planeta no pueda producir
los alimentos que se necesitan para 800 millones de personas
desnutridas, sino la incorrecta distribución de los alimentos. Esta
regla no sólo aplica para alimentos, también en materia de transportes,
desperdicios y hasta de salud.
Consumir responsablemente te lleva a pensar en lo que se
necesitó para la producción del producto que adquirirás: ¿A quién(es)
afectó?, ¿cuál fue su efecto en la naturaleza?, ¿cuánto costó
elaborarlo?, ¿cómo fue transportado? En cuanto a su uso real: ¿Tiene
empaques innecesarios?, ¿me es realmente útil?, ¿puedo sustituirlo por
algún otro producto más amigable con el ambiente? Y sobre su desecho:
¿Cómo será su final?, ¿es reciclable?, ¿el desperdicio afectará a
alguien?
Acciones
Adquiere sólo lo que necesites. Es realmente tentador encontrar
tantos productos “de a cinco pesos”, pero muchos de ellos sólo quedarán
guardados en el cajón. Evita comprar cosas que no utilices, así reduces
la demanda de este tipo de productos, obligando a las fábricas a no
elaborar excedentes que en su producción contaminan el planeta.
Compra sólo por su contenido. Tanto empaque muchas veces va al bote
de la basura, prefiere los productos que tienen pocas envolturas,
sencillas y fabricados con productos reciclables.
Haz mínimo el uso de productos desechables. Cargar tu propia
botella de agua desde casa que comprar una cada día reduce desperdicios
sólidos, además de ahorrarte unos pesos.
Adquiere productos que sean amigables con la naturaleza. Por
ejemplo, prefiere los productos de limpieza que sean biodegradables.
Elige los productos elaborados localmente. Se reducen costos y
contaminantes a la hora de distribución, beneficia a los pequeños
productores y desarrolla el comercio de la región.
Nunca adquieras productos que se deriven de especies en peligro de extinción, animales exóticos. Ni vivos, ni disecados.
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