Las conmemoraciones históricas que se celebrarán este año en México por la Independencia y la Revolución, hacen memoria, también, de los cien años de celebraciones para el primer centenario, cuando Porfirio Díaz gobernaba el país.
En aquel entonces, así como ahora, se prepararon para la celebración con grandes construcciones y complejos arquitectónicos.
Durante todo aquel año de 1910, se inauguraron calles, monumentos, obras públicas y de comunicaciones, así como innumerables edificios que recordaban cien años de México Independiente y, a la sazón, reconocían un gobierno lleno de logros que situaban a la nación entre las grandes potencias del mundo, tanto a nivel económico, como tecnológico y cultural.
En esas fechas se habían ya construido grandes obras en centro de la ciudad y Paseo de la Reforma, como el Ángel de la Independencia, la Presa de Necaxa y la terminal ferroviaria de Pantaco y Buena Vista.
La presa de Necaxa
El contexto internacional de aquella época, eran muy importantes esos avances por su técnica o tecnología, sus dimensiones o alcances, así como el carácter majestuoso que las caracterizaba. Ahora podemos ver algunas de esas creaciones casi olvidadas, sin embargo, fueron impresionantes y, ahora vivimos el momento preciso para revalorarlas nuevamente.
¿Qué sorprende verdaderamente de estas ambiciosas obras? Muchas veces, lo que no se ve. Su origen histórico, su desarrollo y en algunos casos su decadencia.
Algunas obras quedaron inconclusas por el estallido social. Por ejemplo, el hoy Monumento a la Revolución, que en verdad se había construido para ser el un gran edificio que conformaría Palacio Legislativo, una obra que había sido planeada para ser más grande que el Capitolio de Washington.
Lo que sería la cúpula del Palacio Legislativo
La estructura que actualmente se manifiesta, habría sido la gran cúpula del edificio principal. Por otro lado, ahora, podemos ver, por ejemplo, cómo los leones que se tenían planeados para vigilar la escalinata del edificio, se encuentran en el bosque de Chapultepec y el águila que volaba en la punta de la gran cúpula, terminó en enfilada en las alturas del Monumento a la Raza.
El Palacio de Bellas Artes empezó a construirse en 1904 por el arquitecto italiano Adamo Boari donde se pretendía que fuera el Teatro Nacional, pero fue suspendido por la Revolución Mexicana. Hasta que Federico Mariscal, antiguo discípulo de Boari, concluyó el proyecto en 1934.
Las obras conmemoraban y subrayaban una situación privilegiada de México en el contexto internacional, por lo tanto, todas las grandes construcciones que se iban inaugurando durante el Año del Centenario encuentran hoy una analogía, un espejo o una extraña repetición en el Siglo XXI.
Todas ellas son un reflejo del pasado que nos sirve de pretexto para que en las siguientes entregas, desempolvemos, tal vez, las diez construcciones más ambiciosas del centenario mexicano y encontrar su relación con otras diez en el siglo XXI.
Arco Bicentenario
Para el 2010, la obra más importante será el Monumento Arco Bicentenario, que se formara por dos esbeltas columnas de 104 metros de altura, las cuales estarán separadas a una pequeña distancia, y cada una significa un siglo de historia.
Monumento Arco Bicentenario
Las super columnas tendrán una estructura de acero revestida de un tipo de cuarzo, incoloro y neutro, de un material semitransparente. Esta construcción estará ubicada en Reforma y Circuito Interior y se convertirá en la entrada y de lo que ha de llamarse "Circuito Bicentenario".
El proyecto ganador de esta obra fue anunciado en abril del 2009 por la Comisión Organizadora de la Conmemoración del Bicentenario y correspondió al grupo de arquitectos formado por César Pérez Becerril.
Celebramos 200 años de independencia, pero también, 100 de revolución social; ambas fechas han levantado construcciones que nos hacen recordar momentos históricos que se escribieron con piedra, así como en todo el mundo van quedando en las calles "textos" construidos.
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