¿Tienes casa propia? Todos queremos una, es parte de las ilusiones colectivas y la familia Bates había cumplido esa ilusión, pero muy pronto sus utopías se convertirían en una pesadilla.
En el 2007, Jessie -madre-, John -padre- y Tyler -hijo-, pagaron 235 mil dólares por la construcción ubicada en Suquamish, Washington, es decir más de tres millones de pesos.
Cuando llegaron a vivir al inmueble notaron que éste "olía un poco raro", sin embargo, los reportes del departamento de sanidad indicaron que no había nada de qué preocuparse, publicó yahoo.com.
Todo parecía transcurrir con normalidad, pero al poco tiempo varios inconvenientes empezaron a surgir: Tyler, quien en ese entonces tenía alrededor de 3 años, empezó a tener problemas para respirar, así que sus padres lo llevaron al doctor, el cual dijo encontrarlo completamente sano.
Por su parte, Jessie empezó a tener una rara alergia que le estaba causando salpullido, mientras que John se la pasaba enfermo todo el tiempo, explica huffingtonpost.com.
¿Qué estaba pasando? Ni a Tyler ni a Jessie ni a John, los doctores podían explicarles cuál era la causa de sus malestares, así que se les pidió hicieran un recuento de algo que estuvieran haciendo diferente y les pudiera estar causando los problemas de salud.
Los Bates analizaron una y otra vez sus hábitos, lo único que sobresalía era el cambio de casa, pero ¿cómo una casa puede afectarte medicamente?
No encontraban respuesta alguna, hasta que un vecino les contó un secreto muy importante de aquél lugar: el inmueble había sido utilizado para fabricar drogas; metanfetamina, particularmente.
Impactados ante la noticia, los Bates comenzaron a rasgar los pisos y las paredes del lugar, donde encontraron "manchas y heces humanas bajo el suelo", relató ella para myfoxphoenix.com.
La familia había estado viviendo en un laboratorio clandestino de drogas, donde no hicieron más que inhalar los peligrosos químicos con las que las preparaban, pues los químicos con los que se hace la metanfetamina son altamente tóxicos y suelen evaporarse, cuando se están cocinando, por lo que se impregnan en las paredes.
Estos productos, cuando son vaciados en el drenaje y expuestos al medio ambiente, crean enormes problemas, justo como los Bates estaban siendo afectados.
Y es que para hacer la mencionada droga, que puede inhalarse, fumarse o inyectarse, se utilizan productos como éter, ácido sulfúrico, hidróxido de sodio, yodo, entre otras cosas, explica foxnews.com.
Así que era ya hora de limpiar la casa y la familia, quien tenía un nuevo integrante, decidió contratar a una empresa de limpieza para que valuara el costo que tendría quitar todos los tóxicos que inundaban su hogar.
La respuesta no fue tan favorable porque se les informó que la casa no sólo estaba "manchada", estaba saturada de químicos; para limpiar cada espacio, se estimaba un aproximado de 90 mil dólares (un millón 200 mil pesos) en total.
La cantidad antes señalada representaba casi la mitad del costo que había tenido la casa, así que los Bates decidieron tomar medidas más drásticas: derribar y reconstruir de nuevo. Hacerlo les costó 184 mil dólares, o sea 2 y medio millón de pesos.
John y Jessie aseguraron a los medios que se acercaron a ellos estar "furiosos", pues nadie les dijo que esa casa había sido utilizada para acciones ilegales; mucho menos para ejercicios que a ellos les causarían problemas de salud.
Esto sucedió porque en Washington, en 2007, no existía una ley que exigiera a los vendedores dar a conocer a sus clientes si el lugar había sido usado para dichos fines, aunque ahora sí está regulado y se tiene que informar al respecto.
Justo por eso ellos ya tampoco podían vender, pues tendrían que darla mucho más barata que lo que la compraron.
Después de dos años con casa nueva, los Bates han quedado endeudados y dicen que pasarán los próximos 20 años de su vida, pagando por su nuevo hogar libre de tóxicos.
Es importante mencionar que, de acuerdo con Joe Mazzuca, operador de la base de limpieza de laboratorios clandestinos en Idaho, Estados Unidos, cada vez se crean y se encuentran más laboratorios clandestinos, por lo que su equipo llega a recibir hasta 60 alertas diarias de estos lugares, tanto en Estados Unidos como en México.
Por ello recomienda investigar sobre el inmueble que se desea adquirir antes de hacerlo, porque el que no podamos oler ni sentir los residuos tóxicos, no significa que no están ahí, aseguró Donetta Held, parte del mismo equipo que Mazzuca.
¿Qué otros problemas puede uno encontrar en una casa usada?
¿Conoces un caso similar al de los Bates?