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Al mirar cintas XXX, ambos aprenden nuevas técnicas y posiciones para llevarlos a cabo a su manera
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Lo que ellas y ellos ven en el porno
Las mujeres observan el maquillaje, el vestuario, los detalles. A los hombres les gustan las imágenes, pero no ven los pormenores
Por: Nina | 2011-06-24 | 11:10
Ella está vestida de Lolita y él ha llegado a la escena totalmente desnudo. Ella tiene su falda corta a cuadros y dos colitas de caballo sobre la cabeza que dejan ver su cabello rubio platinado.

Está maquillada al extremo: pestañas postizas, rubor rosa en círculo, labios rojos, piel blanca, ojos azules. Tiene unos 25 años. El es grande, musculoso, moreno, cabello oscuro, y su miembro en escena ya ha sido obra de algún trabajo manual pues aparece grande, potente, erecto, húmedo.

Hay un sillón al frente y al fondo, sin albur. Hablan apenas tres palabras, ella se coloca de frente a él y él le arrebata rápidamente la pequeña blusa blanca apretada a su cuerpo con un moño. Ella sonríe y sus senos salen,  voluptuosos, como duraznos listos para  ser comidos a mordidas.

Él, la voltea de espaldas y la coloca sobre el sillón, levanta la falda... todo esto ocurre de frente a la cámara. Hay un zoom a su trasero, blanco, limpio. No hay un vello que se cruce en el camino. El mira a su frente, mientras la sostiene con sus poderosos brazos, y ella exclama decenas de "oh!", "oh!", "ah!", "yes, "yes", "oh baby", "I'm your...".

El apoya nuevamente su rodilla derecha sobre el sillón y se apoya con su pierna izquierda sobre el piso. La voltea con ligereza de frente a él, y los apenas 50 kilos que ella parece tener, lo hace todo más fácil. Ella abre sus piernas como para darle un gran abrazo, todo sobre el mismo e incómodo sillón y él entonces sostiene con sus manos los tobillos de ella. La penetra haciendo gala de sus artes acrobáticas.

Ella suda, se desmaquilla un poco, se despeina pero ni una pestaña postiza se mueve. La pequeña faldita ya se encuentra de lado, tirada al piso. Ambos están totalmente desnudos. De pronto, hay algunas palabras, él le pregunta, ella dice que sí, él saca su miembro y tiene una gran y poderosa eyaculación sobre los grandes pechos de la rubia.

Esto es el porno. Todos hemos visto alguna imagen así muchas veces. Los escenarios cambian, los personajes y los vestuarios igual. Los idiomas, los tamaños. Todo parece igual y nos excitamos al final igual que siempre.

Pero hay algo que cambia: la manera en que hombres y mujeres lo ven. ¿Cuáles son esas diferencias? A reserva de partir de la premisa de "cada cabeza es un mundo", ésta es la selección que he hecho, con lo que muchas mujeres y hombres me han hecho saber, respecto a tales diferencias:

Lo que ellas ven:

Ellas pueden pensar que todo es perfección en el porno y ver entonces sus defectos (pero ojo, las actrices porno usan incluso láser para blanquear sus traseros porque como todas, alguna vez tuvieron uno normal).

Pueden pensar en hacer cosas con las que no se sienten cómodas, como en el porno. Y la verdad es que no se necesita ser acróbata para tener un excelente sexo.

Pueden tener miedo de sentirse comparadas por sus parejas en relación a las chicas que ven normalmente en una peli porno.

Pueden no sentirse tan cómodas con el hecho de que un hombre eyacule en su rostro, en su pecho o en su trasero.

Hay muchas mujeres en contra del porno pues afirman que éste convierte a la mujer en una "carne anónima".

Ellas ven el porno pero prefieren usarlas para fantasear con sus propias imágenes de lo que el sexo es para ellas.

Ellas ven el maquillaje, el vestuario, los detalles, la decoración en un set de porno.

Ven el tamaño de los penes que allí aparecen, les encantaría tener uno así en casa pero se preguntan si dolerá.

Aprenden nuevas técnicas y posiciones para llevarlos a cabo a su manera.

A veces ellas pueden sentirse celosas cuando descubren a su hombre mirando porno. Piensan que la vida sexual que tienen con ellas no es satisfactoria.

Lo que ellos ven:

No ven en absoluto la decoración, si la chica está maquillada o no ni si una colita de caballo está más arriba que la otra.

Les enloquece el sexo duro y fuerte, contante y sonante.

A los hombres les gustan las imágenes pero no ven los detalles.

Ellos prefieren las pornos de sexo grupal, amateur, de lolitas o sexo anal, sus principales fantasías.

Los cuerpos de las lolitas son sus preferidos para masturbarse.

Ellos dicen que usan y miran el porno para tener una masturbación rápida y esto puede ocurrir incluso si están dentro de una relación amorosa sexualmente satisfactoria.

Muchos hombres hacen esto de manera natural pero no involucran para nada sentimientos, ni sensaciones de frustración en torno al sexo que tienen con sus parejas. No como ellas lo piensan a veces.

Ellos piensan que el porno es una manera de masturbación asistida, intensa, no complicada y relajante.

Miran un pene grande pero sin mucho recelo. Están tan excitados con la imagen de la mujer siendo penetrada que no hay otro lugar para imagen alguna.

El porno no impacta en su relación amorosa o en su vida sexual de manera negativa. Ni lo ven como un signo de infidelidad.

Los hombres jóvenes pueden pensar que deberían tener grandes penes para lograr el climax de su mujer y tener sexo durante horas y horas.

Hombres jóvenes asumen que es normal eyacular en el cuerpo de sus parejas pues es lo que normalmente ocurre en el porno.

 

¿Y tú qué ves en el porno?

 

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Comentarios(4)
Enviado por:

alan
Chapala
06-07-2011
18:12
Interesante tema
Enviado por:

Mujer
CHihuahua
30-06-2011
20:48
Ouch veo el porno como un hombre... bueno ya que!!
Enviado por:

susan
Guadalajara
29-06-2011
12:38
La pornografia da asco, me gustaria que mi novio no la viera, me hace sentir fea.
Enviado por:

tato
D.F.
29-06-2011
08:25
I LOVE PORN
 
Nina
¿Qué por qué escribo un blog? ¿Un diario de sexo? Por azar, tal vez. Por coincidencia. Por simple accidente fortuito. Porque un día me encontré con el erotismo y la escritura, desde muy pequeña, y desde entonces no pude separarme de ambos.

Soy treintañera, producto de una historia de amor setentera en la que mi madre tenía una cintura envidiable, el cabello largo y negro, y usaba un vestido rojo cuando conoció a mi padre, que era el más guapo de los alrededores y poseedor de un entonces deportivo y lustroso Maverick azul del año.

Vestido rojo + Maverick azul = Nina. Así es que nací yo. Quizá es que por ello, fijarme, en los detalles, en los colores, en las cosas, desde pequeña, me haya convertido sin desearlo conscientemente en fetichista. Terriblemente perfeccionista. Al hartazgo, a veces insoportable.

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