Un tipo dice que se va a suicidar y todos se apresuran a detenerlo. Una pareja afirma lo mismo, pero usando el engañoso término "matrimonio" y todos los celebran. El borlote empieza con una fecha y una interminable lista de invitados que se reducirá drásticamente, de acuerdo al presupuesto.
En tanto, la novia empieza a invertir en revistas de novias casi tanto como terminará gastando en el vestido, el novio hace de cada salida con los "compas" una despedida de soltero. Se presupuestan salones, banquetes, grupos versátiles, vino, nuevas listas de invitados que crecen y decrecen, más vestidos, luna de miel y demás.
Tras pasar por todos los rituales y tirar la casa por la ventana, los recién casados vuelven de la luna de miel a una vivienda vacía, que contemplan ensoñados. Podrían trapearla con la baba. Cuando abren sus regalos, gritan de emoción, aún hipnotizados por el jarrón o el abrelatas.
Un primer atisbo de realidad les pega cuando deciden comer por primera vez en su hogar... No hay estufa, ni microondas; pero bueno, siempre hay pizza a domicilio y les sobra amor para vivir. Pero luego quieren darse una ducha caliente... Uhm, ¿Hay agua caliente? Peor aún: ¿Tenemos tanques de gas? Sobró pizza. ¿No hay refrigerador? ¿Ni hielera?
Al día siguiente se van ensoñados a buscar lavadora, secadora, microondas, estufa, horno eléctrico, boiler, tanques de gas, muebles diversos, etcétera. Descubren que pueden cambiar lo que les dieron de su lista de bodas por cosas útiles. Unos 15 regalos se convierten en una estufa, otros ocho dan para el microondas. El resto dan para el refrigerador. También descubren cuán pocos invitados recurrieron a la lista. El temor se desvanece hasta que tratan de llenar su refrigerador nuevo.
Días después, empiezan a ver las ofertas de meses sin intereses y a analizar los límites de crédito de sus tarjetas. El soñado colchón king size es ahora uno matrimonial, pero tiene base. La caja del refri es una mesa pasable, la del microondas, es un buen buró.
Los más sádicos pueden imaginar el miedo de la chica cuando descubra que no hay lavadora y que su marido, tan adicto al picante, ya no tiene calzones limpios. Él se aterroriza cuando descubre que ella no cree indispensables ni el dvd en casa, ni el estéreo, ni los videojuegos. ¿Que no todas las mujeres saben lavar en el río con una piedra? ¡Ella hasta fregadero tiene! Además, el jabón Zote por docena cuesta una baba y rinde un año, al menos.
Tras llegar a un acuerdo a medio camino entre el centro de lavado, que ella soñó, y el centro de entretenimiento, que él alucinó, siguen medio adormecidos, ya no tan ensoñados.
Llegan los primeros estados de cuenta y se pagan los mínimos mientras la casa empieza a perder eco y a tomar forma. Un día, él saca cuentas y le brota la estupidez: "¿Amor, cuánto se gastó en el fiestón ese que tú querías?" o la variante "¿Más o menos cuánto gastamos por esa luna de miel que tú quisiste?"
Aun suponiendo que hizo la pregunta con tacto, o que llegaron a esa comparación de cuentas de manera apacible y conjunta, por lo general el resultado es el mismo: sin fiesta tendrían una casa bien puesta, y no habría deudas. De repente parientes y amigos tienen cara de gorrones.
Dado que los padres ya pasaron por las mismas, o parecidas, sólo queda suponer que no advertirles de eso es una especie de novatada de bienvenida al gremio matrimonial. O simplemente es una cara lección sobre el significado de la palabra "pragmatismo".
¿Conoces algunas anécdotas chuscas sobre recién casados?
¿Cuál te parece el peor error que cometen las parejas al comprometerse?